MINISTERIOS DESAGREGADOS

MINISTERIOS DESAGREGADOS

Centrándose en la ciencia y la tecnología, el Ing. Mariano Garmendia analiza el impacto negativo que la reducción de rango de Ministerios a meras Secretarías tendrá no sólo en el desarrollo de nuestro país sino también en su capacidad competitiva en el contexto internacional.

 

 

MINISTERIOS DESAGREGADOS

Cambios en la concepción de una política de Estado

 

por Mariano Garmendia

 

Hace unos días escribía un artículo sobre la importancia de la federalización de la ciencia en un intento de reflexión acerca de cómo profundizar la idea de la promoción del campo científico como motor del desarrollo en nuestro territorio. Hoy, en cambio, me toca pensar en la desaparición del Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT) con el propósito de desentrañar el nuevo giro del país en el que, desde este marco de gestión (o no gestión) del Estado, a la ciencia y la técnica sólo le resta ocupar un rol subsidiario dentro de los procesos de formación y dependiente de la cartera educativa.

Tal vez alguien que en un arrebato de emoción institucional se haya tomado el trabajo de leer todo el título que hasta hace unos días ostentaba el MINCyT, quedó perplejo ante las últimas dos palabras: Innovación Productiva. Son precisamente estos términos los que clausuran una concepción de la ciencia sólo vinculada a los claustros académicos y proponen un ministerio que genere una política de desarrollo de todo el sistema de ciencia, técnica e innovación con un sentido federal, calando hondo dentro del territorio nacional e impulsando con esta estructuración un camino hacia una transformación de país, hacia la generación de empleo de calidad, creativo, con un fuerte arraigo en la construcción de una nueva sociedad del conocimiento para la Argentina y con la mirada de una Latinoamérica que, basada en su historia, en sus recursos naturales y fundamentalmente en su gente, se proyecte al mundo en una opción de igualdad democrática y con un crecimiento sostenido.

Mateo CARABAJAL, Theremingo. Instrumento musical electromagnético basado en el Theremin (URSS, 1919). 2018

Sin embargo hoy tenemos (y no elegimos) otro camino. Un camino distinto, guiado por la especulación financiera, sin un norte o con un norte asentado en el ajuste por el ajuste mismo. La sola idea de que cada uno de los ministerios sea transformado en una Secretaría dependiente de la Presidencia tendría otro matiz político. No obstante, marchamos por el camino del no problema, del no moleste con asuntos menores, subsumiendo en ministerios inconexos las grandes cuestiones de la Nación: Salud, Trabajo, Ciencia y Tecnología.

En este nuevo capítulo de la historia argentina quizás debamos preguntarnos cuál es el país que queremos y obrar en consecuencia. La solución sólo se encuentra en la política. En la Política, con mayúsculas. Desde la reflexión y la discusión política seremos capaces de generar un eje transformador, superador que trascienda la mera transformación de las secretarías en ministerios. El desafío radica en una modificación de la agenda, lo que en el caso específico del área de ciencia y tecnología significa enfrentar las estructuras que quedaron atrás y conformar una estrategia sostenida que funcione como un puntal de desarrollo integral y no como un engorde irreflexivo de estructuras. No debemos mantener las estructuras actuales sin una visión de lo que queremos ni pretender un desarrollo de la ciencia y la tecnología que sea responsabilidad única del CONICET. Del mismo modo, tampoco cabe bregar por un marco federal de las estructuras con ausencia de una política dirigida ni declamar que la ciencia es federal y no orientar recursos de manera sostenida con claridad. Esta solución sería equivalente a una no solución. Sirve a modo de ejemplo el dato de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, que concentra el 72% de sus recursos generalmente en el área pampeana, no por un capricho sino porque el costo del avance desde los territorios sobre sus programas es inmenso cuando no existe un tejido científico-tecnológico-económico capaz de concentrar las demandas o de luchar dentro de la lógica de la proyectitis (mal conocido de las administraciones públicas en el que el mundo se entiende como un proyecto) en la que estamos inmersos.

El “cambio” de Ministerio a Secretaría

Cuando el micrófono está en la cancha de la justificación de lo injustificable, los argumentos señalan que:

  • la decisión tomada por el presidente apunta a una reestructuración ministerial con la reasignación de espacios y la concentración de su gabinete. De ninguna manera se considera la posibilidad de que la medida se trata de una degradación institucional.
  • Lino Barañao y su equipo continúan, por lo que no se va a afectar de ninguna manera el contenido de la política científico-tecnológica que fue recogida por el presidente en 2015. Por lo tanto no hay ni degradación, ni afectación ni nada que se le parezca.

Cualquier ciudadano que comprende cómo funciona la gestión pública sabe que las medidas tomadas implican un cambio drástico, una reestructuración de todas o casi todas las áreas. Reunir áreas en una misma estructura no suma ni multiplica los departamentos operativos sino que los reduce. Juntar tres ministerios en uno no implica que habrá tres oficinas administrativas o tres oficinas de legales, por ejemplo. Cualquiera que haya sufrido las inclemencias de la gestión de un expediente en el Estado sabe que las cosas demoran. La reducción afectará de manera directa la ejecución presupuestaria (ya complicada) a lo que se suma un presupuesto que se achica en términos reales día a día.

Damián MIROLI, Caleidoscopio. Escultura-objeto lumínica. Cubo que produce configuraciones aleatorias de luces. 2002

Sin duda, la lectura de un investigador de cualquier vertiente o línea política, o rama de la ciencia acerca de las gestiones realizadas en el área en el último año, conduce a una catarata de lamentos.

Hoy estoy convencido del franco retroceso institucional que este proceso marca. Entiendo que los cambios de ministerio a Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, como así también de los ministerios de trabajo y de salud, marcan un antes y un después en la gestión de la política pública de aquí en adelante.

Aquí muere la esperanza de dar marcha atrás a ese proceso. No con y desde este modelo económico.

Coincidimos con Jorge Sábato cuando afirma que no puede haber política tecnológica sin una clara política económica que la acompañe. Ambas esferas están encadenadas. Los cambios en la política arancelaria de productos pueden generar un impacto positivo o negativo en todo un desarrollo tecnológico. Estas transformaciones deben darse en el marco de un proceso integral que posibilite el desarrollo científico tecnológico sin perjudicar los distintos eslabones de la cadena. No podemos, por ejemplo, impedir el ingreso de un medicamento si no existe la posibilidad real del país en producirlo o la existencia de un reemplazo local y, del mismo modo, a la inversa, no podemos permitir una competencia desleal de productos del exterior con productos nacionales.

Política económica y política tecnológica deben marchar a la par y con absoluta coherencia. Es claro que esta unión conduce necesariamente a reestablecer los vínculos entre política tecnológica y política científica, en tanto la ciencia es contribuyente indispensable de los paquetes tecnológicos. Del mismo modo, resulta fundamental el enlace con la política cultural porque se necesita de un camino en formación de cuadros para alimentar no sólo la producción y el manejo de la tecnología en la sociedad sino también la reflexión acerca de las relaciones entre estos campos y la soberanía de un país.

No veo otro camino que rectificar el rumbo de la política, de la política entendida en su conjunto. A la espera de que como país dejemos de lado el viraje continuo de nuestro bote de instituciones que no deja claro a nadie qué queremos.

Vivimos en un país con referentes y cuadros técnicos y políticos, una de las fuerzas más poderosas que tenemos como sociedad. Argentina es grande fundamentalmente por el capital de su gente, por su capacidad y su destreza. Los niveles de desarrollo en materia de ciencia y técnica que a lo largo de los años se ha venido generando son consecuencia directa de una educación para el pueblo.

Nuestro destino como pueblo, con la responsabilidad de quienes buscamos transformar el mundo, está en las acciones que libremente logremos ejecutar.

 

 

Mariano Garmendia
Ingeniero agrónomo. Realizó una Especialización en Agronegocios en el Centro de Altos Estudios y Universidad de Georgetown (EE.UU. 2002) y diferentes cursos de formación profesional orientados al gerenciamiento y gestión de proyectos, y sistemas de producción y comercialización. Fue director de la Estación Agrícola Famaillá del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y coordinó diferentes proyectos de financiamiento internacional destinados al mejoramiento de la calidad de vida y de los procesos vinculados al sector agroindustrial y agroalimentario de la provincia de Tucumán y del NOA. Desde Octubre del 2015 se desempeña como Secretario de Estado de Innovación y Desarrollo Tecnológico de la Provincia de Tucumán. En su primer año de gestión fue nombrado Secretario Técnico de Apoyo del Consejo Federal de Ciencia y Tecnología (Cofecyt) y en su segundo año de gestión fue elegido vicepresidente del Cofecyt con el voto unánime de todos los representantes provinciales. Representa a Tucumán en el Consejo Regional de Ciencia y Técnica del NOA y actualmente es miembro del Consejo ConsuItivo para la Promoción y Fomento de la Innovación (Ley 23. 877) como representante de las provincias.

Imagen de Tapa | Damián MIROLI, Máquina prosaica#1. Instalación. Péndulos lumínicos que describen curvas sinusoidales. 2009