PANDEMIA Y CORONAVIRUS ¿Laboratorio o naturaleza?

PANDEMIA Y CORONAVIRUS ¿Laboratorio o naturaleza?

PANDEMIA Y CORONAVIRUS

¿Laboratorio o naturaleza?

Por David Flores

 

Este evento que estamos viviendo en el mundo, nos llena de una natural preocupación por nuestros seres queridos y una gran incertidumbre debido a la tremenda cantidad de información confusa que nos rodea. Las redes sociales se han vuelto una fuente inagotable de información, buena y mala, que crea opinión y conciencia. Esto nos lleva, en muchos casos, a corrernos de la escena que estamos viviendo como partícipes necesarios de un estilo de vida inadecuado con nuestro ambiente. En primer lugar, esta pandemia, o riesgo de ella, se viene alertando por los científicos aproximadamente desde el año 2007, cuando investigadores de la Universidad de Hong Kong, publicaron un artículo sobre la existencia de un nuevo Coronavirus cuyo huésped era una especie de murciélago del centro-sur de China, y que era consumido sin trazabilidad sanitaria en los llamados mercados húmedos de Wuhan y otras ciudades.

Lo que sabemos hoy del SARS-CoV-2, nombre que se le puso a este virus, es suficiente para saber de dónde proviene, su origen por Selección Natural, y con quién se relaciona hoy en la Naturaleza.

Desde el 2007 se han publicado más de 600 artículos científicos que hablan de este y otros Coronavirus. Existen más de 30 especies de Coronavirus, siendo el SARS-CoV-2, uno de los tantos cuyos huéspedes son un extenso grupo de mamíferos llamados Boreoeutherios, que incluyen los Primates (donde estamos los humanos), carnívoros, artiodáctilos, perisodáctilos, murciélagos, pangolines, topos, roedores, y hasta cetáceos. Los Coronavirus han evolucionado en los mamíferos por millones de años, no son nuevos. En la ciencia se los describe por primera vez en 1965. En la naturaleza, las nuevas especies van apareciendo por mutaciones azarosas y potencialmente exitosas que se adaptan a su entorno. La Selección Natural actúa en todos los organismos. En el caso de estos virus, su código genético es una cadena simple de ARN, y no una cadena doble de ADN en un núcleo como tienen las células más complejas. El ARN del SARS-CoV-2 tiene aproximadamente 30.000 bases, o “letras” de un alfabeto que codifica las proteínas tanto estructurales como de función. Esas son las bases que tendrán los nuevos Coronavirus y que se producirán con la maquinaria molecular de la célula “parasitada”. Así funcionan los virus, no tienen su propia maquinaria molecular, sino que poseen información genética que “parásita” la nuestra, y ésta produce más virus, en lugar de producir lo que su información genética original indica u ordena. A partir del conocimiento de la secuencia de toda su información genética (es decir la secuencia de las “letras” de ese alfabeto), sabemos que el SARS-CoV-2 tiene un pariente muy cercano, con el que comparte más del 96% de sus letras o genoma, que se llama RaTg13, y que naturalmente habita en algunas especies de murciélagos de China, y en Pangolines. Los virus que conviven con estas especies, en general, no causan muertes masivas, y están en cierto equilibrio con la población y su sistema inmune. El problema surge cuando esos virus “saltan” de un huésped a otro, más aún cuando existen relaciones evolutivas entre éstos. Por ejemplo, la familia de los más de 30 Coronavirus que se conocen, puede saltar de una especie a otra dentro de ese gran grupo de mamíferos que nos incluye. No es la primera vez que nos inmiscuimos en un ciclo viral de otra especie a través de la invasión de hábitats con nuestras urbes y ganado para consumo masivo o transporte. El SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo de 2003) y el MERS (Síndrome Respiratorio de Medio Oriente de 2012) son solo dos ejemplos recientes de enfermedades respiratorias transmitidas a través de un vector doméstico (cerdos, camellos, hurones). El punto central a destacar, es que la proliferación de actividades humanas en hábitats de especies que se mantienen en equilibrio con sus patógenos, nos expone como especie a enfermedades aún desconocidas a través de saltos virales, no por mera coexistencia, sino por una mala coexistencia (mascotismo de fauna silvestre, consumo sin trazabilidad sanitaria, caza furtiva, introducción de nuevas especies, etc.). Esta situación, sumado al creciente tráfico de fauna silvestre, y la rapidez de transporte y movilización que impone la globalización, nos hace especialmente vulnerables.

Chrotopterus auritus, murciélago carnívoro. Murciélago argentino de las yungas del NOA y selvas del NEA, relativamente cercano a los murciélagos de la región de China donde se origina la pandemia. Fotografía: Dr. Mariano Sánchez.

La Selección Natural trabaja a partir de micro mutaciones que ocurren constantemente, errores naturales de la maquinaria de transcripción genómica. Cuando esas mutaciones permiten mejorar las posibilidades de proliferación, entonces se mantienen por herencia en las siguientes generaciones. Lo que no sabemos aún de este virus, es si ese “salto evolutivo” a partir de su ancestro compartido con el virus RaTg13 ocurrió en un murciélago, un pangolín, un animal doméstico de mercadeo; o si el salto evolutivo ocurrió en los seres humanos como huésped.

Por su tasa de mutación, el tiempo de divergencia de este virus ronda entre los 40 a 50 años. Su letalidad, si bien no es tan alta, se combina con una capacidad de transmisión y contagio humano-humano muy alta, lo cual crea condiciones de vulnerabilidad a las sociedades humanas en grandes ciudades. Cuando hablamos de salto evolutivo, es literal, se conocen exactamente las mutaciones que dieron origen a este virus, y se conocen también las mutaciones que van originando diferentes cepas. Básicamente, son micro mutaciones imposibles de desarrollarse en laboratorios, no tenemos aún esa tecnología, ni existe la posibilidad de predecir la consecuencia de cambio estructural en una proteína específica ante un cambio en una mutación puntual.

Los virus quimera son virus producidos en laboratorios a partir de diferentes partes de otros virus. De esta manera, cada parte tiene su propia “huella” identificatoria que permite saber de qué virus proviene un virus artificial. En el caso del SARS-CoV-2 no existe esta condición, y considerando su 96% del genoma compartido con un virus preexistente, podemos asegurar que el virus no es producto de laboratorio, sino que es producto de la selección natural. Por otra parte, si el virus fuera artificialmente producido en un laboratorio, sería relativamente simple hallar alguna manera de interferir en su estructura o función.

Los seres humanos debemos entender que los organismos con los que interactuamos, y nosotros mismos, somos entidades complejas que estamos incluyendo cargas virales y bacterianas características, con las cuales coexistimos y evolucionamos. La ruptura de estos equilibrios por la interferencia humana en ciclos naturales de las especies silvestres, son la principal consecuencia de estos eventos, que posiblemente no sea el último. El facilismo de las teorías conspirativas no solo atenta contra la cantidad y calidad de evidencia científica advertida durante años (como sucede con el cambio climático), sino que nos quita responsabilidad como especie, cuya relación con el ambiente se ha tornado toxica e inviable.

El tráfico de fauna no solamente lleva un riesgo zoonótico, sino que además infringe leyes sobre maltrato animal, siendo una actividad criminal muy rentable en todos los continentes. El sufrimiento animal causado por el encierro y hacinamiento de las especies traficadas es tremendo e inaceptable. Tenemos que replantearnos una coexistencia más amigable con nuestro entorno, respetando los espacios y las funciones de las especies que nos acompañan, y siendo conscientes que en la naturaleza no estamos solos, dependemos de miles de interacciones con nuestro entorno, muchas de las cuales aún estamos conociendo.

 

 


David Flores
Licenciado y Doctor en Ciencias Biológicas por la UNT, especializado en Mastozoología (zoología de mamíferos). Posee un Postdoctorado en el American Museum of Natural History, New York, USA. Ex Presidente de la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM); actualmente es Investigador Independiente del CONICET en la Unidad Ejecutora Lillo y Director General de Investigación de la Fundación Miguel Lillo.

Imagen de tapa | Sturnira lilium, murciélago frutero. Murciélago argentino de las yungas del NOA y selvas del NEA, relativamente cercano a los murciélagos de la región de China donde se origina la pandemia. Fotografía: Dr. Mariano Sánchez.

 

 



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