Quisiera volver atrás con el tiempo

Quisiera volver atrás con el tiempo

“Quisiera lograr volver atrás con el tiempo[i]”:
Raffaella Carrá, la libertad como ley
y lo festivo como forma de vivir

Por Jorgelina Chaya

 

“Para mí Raffaella Carrá es la felicidad misma;
mi papá ponía sus canciones en todos los cumpleaños.
Recuerdo a mis amigos de esa época,
a mi papá poniendo música, mientras todos bailábamos.
Raffaella Carrá me toca lo más profundo de mi corazón y de mi ser,
es la felicidad misma, LA FELICIDAD MISMA.”

M. 48

 

El 5 de julio último leo en Facebook, en la página “Raffaella Carrá fun”, de la que soy miembro desde hace unos cuantos años, Raffaella nos ha dejado. Se ha ido a un mundo mejor, donde su humanidad, su inconfundible risa y su extraordinario talento permanecerán para siempre. Inmediatamente, mis grupos de Whatsapp con amigas comienzan a llenarse de mensajes y comentarios anunciando la triste noticia. Mensajes en los que se entremezclaban letras de sus canciones, recuerdos, nostalgias y anécdotas. Porque decir “Rafaella Carrá” entre quienes tenemos más de cuarenta años nos lleva a recordar, entre sonrisas, complicidades, inocencias, travesuras y desinhibiciones, algún momento de nuestras infancias:

 

“Mi momento Rafaella va desde los 6 a los 10 años. Nos juntábamos con mis amiguitas de la cuadra a ensayar las coreos. Teníamos que tener un micrófono (el mío era un cepillo de pelo). La música la poníamos en tocadiscos (con los LP de pasta). A. 51 años

“Creo que fue entre mis 5 y 8 años. Me encantaba. Me disfrazaba de Rafaella, agarraba un micrófono de juguete y obligaba a mis padres, primos, tíos a presenciar mi “show”. Jajaja. Me encantaban todas sus canciones y también la parte en que movía la cabeza de adelante hacia atrás.” V. 45 años

 

Podríamos citar más voces y todas nos llevarían hacia la infancia, las amistades, la familia, la alegría, la felicidad, fiestas, cumpleaños. Y sobre todo, a una nostalgia por una infancia ya lejana, pero teñida de momentos alegres y felices al son de 0303456, Fiesta, que fantástica, fantástica esta fiesta o de Explota, explota mi expló, explota explota mi corazón.


Las canciones, música, baile y vestuario de Rafaella Carrá producen una multiplicidad de sentidos relacionados con la alegría, con la liberación carnavalesca, generadas por el baile y las canciones, como así también por el acompañamiento de los bailarines con sus originales pasos coreográficos. Un vestuario exagerado, provocativo, lleno de brillos, transparencias y escotes junto a un peinado único e imposible de igualar (a pesar de que más de una mujer argentina lo intentara) han llevado a construir una imagen relacionada con lo superficial, con lo pop y hasta podríamos decir, con la frivolidad.

Sus canciones, como toda manifestación discursiva, son palabra viva que aparecen en un momento histórico y en un medio social determinado y, por lo tanto, no deja de participar en ellas el diálogo social. Es por eso que hoy, transcurridos casi 50 años de su aparición, escuchamos y releemos a Raffaella desde una versión política de fenómenos discursivos como un modo de oponerse a la cultura oficial de ese entonces y contribuyendo a alcanzar una serie de logros y derechos en el ámbito de igualdades sociales que no podemos negar ni mucho menos minimizar. Adquiere significativa importancia el valor que Raffaella Carrá ha generado para el mundo de la cultura en general y para los feminismos y la comunidad LGTBQ+, en particular. La cantante italiana se ha transformado en un fenómeno sociocultural destinado a ser recordado para siempre, más allá de sus excesos estilísticos. Es así que su voz y su presencia nos llevan a la diversión sin ausencia de constricciones; a liberarnos y, por lo tanto, como toda manifestación de la cultura popular, nos conduce a expresar(nos) desde ese carácter subversivo, de ambivalencia y doble sentido que tienen sus canciones como en Caliente, caliente: Hace tiempo que mi cuerpo/Anda loco anda suelto/y no lo puedo frenar/(aaaa y no lo puedes frenar).

Música y baile que, si bien son reproducidas de manera festiva y alegre, configuran en realidad, una relación cuerpo/mundo que llamativamente luego de su muerte resignificamos y reconocemos en su carácter progresista y provocador para ese momento de producción. Es así como es que en Santo, santo el sadomasoquismo se entrama en el estribillo entre la infidelidad y la práctica sexual: El santo me engañó…/ ¿Dónde está el sadismo / dónde el masoquismo / lo que él me prometió? Y finaliza: Quiero la impaciencia /adoro la insistencia /para hacer el amor.

Hoy, a semanas de haberse producido su muerte y cuando las generaciones que bailábamos moviendo las cabelleras de un lado a otro, cantando a los gritos, somos sujetos atravesados por los movimientos feministas, las luchas por las igualdades de género o bien por diferentes experiencias en la vida desde lo social, profesional, lo privado y por supuesto lo cultural, no podemos evitar escuchar y releer a Rafaella Carrá y resignificar su estética y sus letras. No podemos dejar de reconocer que detrás de esa rubia llamativa que bailaba y cantaba canciones populares hay un mensaje revolucionario, progresista y ambivalente que se reinterpreta y revaloriza.

En 1974, apareció junto a la cantante Mina Mazzini en un programa de televisión, en uno de los espacios ocupados solamente por varones hasta entonces. En su programa se comenzó a hablar de temas como el divorcio, el aborto o los derechos civiles femeninos. Y fue entonces que se inició una estética con conjuntos desnudistas y de caderas al ras del pubis, acompañada de excesos e ironías en ajustados monos llenos de brillos, plumas y lentejuelas. Las coreografías, con provocativos bailarines alejados del modelo de masculinidad vigente, incluían movimientos anatómicos exagerados, ropas de color rojo, fucsia, negro y dorado que se combinaban con los de Raffaella, pero que en ella resaltaban aún más por su platinada cabellera. Fue así que Raffaella, con su particular estética, fue configurándose en una representante de la cultura camp, de esa cultura cuya sensibilidad es propia del arte popular, que se basa, entre otras cosas, en la exageración, considerada por la cultura de elite como una copia inferior y de mal gusto y, por lo tanto, sin valor artístico, relacionada con la banalidad, la vulgaridad, lo artificial y por supuesto, desde una perspectiva patriarcal, todo esto estaba asociado con lo femenino y con lo afeminado. Pero ¿podemos considerar que detrás de los versos de la canción Fiesta hay banalidad, cuando sugiere a la mujer que ha sido engañada que se libere y no se quede esperando a quien ya no la quiere? O podríamos pensar que estos versos exponen a las mujeres de la época la posibilidad que toda mujer tiene, de salir a buscar nuevas oportunidades y, por supuesto, encontrar de nuevo el amor. La palabra fiesta, asociada a la diversión, a la alegría al son de una música que nos provoca bailar sin inhibiciones, alzando los brazos y cantando alegremente, nos ha distraído de la invitación feminista hacia la libertad y búsqueda del placer y bienestar.

Algo similar sucede con el mensaje de liberación a través de la canción ‘Tanti auguri‘ traducida ‘Para hacer bien el amor hay que venir al sur’, que en 1978 abría su programa de la televisión pública italiana y cuya letra enuncia las bondades de practicar sexo en el sur de Italia de la mano del carpe diem, herencia de la cultura romana. Por si acaso se acaba el mundo/Todo el tiempo he de aprovechar/Corazón de vagabundo voy buscando mi libertad…”. Letra que al realizar su gira por Argentina, en el año 1978, fue censurada y obligada a modificar por el gobierno represor y dictatorial del momento, quienes no admitían referencia alguna a una sexualidad vivida libremente. Así, el “para hacer bien el amor hay que venir al sur” fue cambiado por “para enamorarse bien hay que venir al sur”.

Y qué decir de la canción Lucas, también escrita en 1978 convertida en un himno gay. La popularidad de esta canción fue alcanzada no sólo por representar una apología de la sexualidad LGBT del momento, sino también por ser interpretada por Raffaella, quien fue convirtiéndose, a la vez, en un ícono para la comunidad gay. Pero estas lecturas e interpretaciones fueron negadas u ocultadas para quienes crecimos en las décadas del 70 y 80 y su significación recién ha sido interpretada años más tarde.

 

Poníamos el disco de vinilo en la casa y bailábamos como locas a los 5 o 6 años. Ella marcó nuestra infancia. Cantábamos la canción de Lucas, Lucas, dónde te has metido… Recién de grande me di cuenta de que Lucas era gay. MJ 44 años

Creo que sus canciones, sus coreografías, sus bailarines marcaron a una generación. Fue transgresora, innovadora, ¡una genia total! V. 45 años

 

El cancionero de Raffaella Carrá, con alrededor de treinta canciones, recorre una serie de temas rupturistas y censurados en su momento por hablar del amor libre, el placer, la homosexualidad, el sadomasoquismo, el triángulo amoroso y hasta del poliamor. Temas asociados desde la antigüedad clásica a lo carnavalesco y popular, en donde se invierten los valores consagrados por la cultura oficial, y a lo inmutable, perenne y jerárquico se le opone la inmortalidad, la igualdad y la abundancia. La inteligencia y el vanguardismo de Rafaella produjeron la mixtura ideal: la ingenuidad de la música combinada con el desenfado de los pegadizos estribillos, que llevaron a asociar sus canciones con lo popular y por lo tanto, con lo “inculto”. Así, Raffaella, convertida ya en un mito, nos ha acompañado en juegos infantiles, nos ha divertido en fiestas de adultos y ha motivado a las comunidades invisibilizadas en los momentos más cruentos y violentos. Gracias por tanto, Raffaella.

 

 

[i] Extraído de la canción Rumores (1974)


Jorgelina Chaya
Profesora en Letras por la UNT. Docente en el nivel secundario, en el nivel superior no universitario de formación docente y en las Carreras de Letras y de Ciencias de la Comunicación de la UNT. Se ha dedicado a las prácticas de enseñanza de la lengua y la lectura de textos literarios en los diferentes niveles educativos desde una perspectiva sociocultural y semiótica. Ha realizado investigaciones en el campo de la cultura popular como es el caso del chisme y los modos de habla regional.

 

 



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