COMUNICACIÓN, JUICIOS DE LESA HUMANIDAD Y PERSPECTIVA DE GÉNERO

COMUNICACIÓN, JUICIOS DE LESA HUMANIDAD Y PERSPECTIVA DE GÉNERO

Aunque suene paradójico, la memoria no habita sólo el pasado porque desde que nos asalta contra nuestra propia voluntad, se hace tiempo presente en disputa. Los discursos de odio avanzan cuando el olvido y el silencio ganan espacio y así podemos decir los juicios de lesa humanidad no buscan la venganza sino dar lógica y sentido a esos recuerdos que nos persiguen, convirtiéndolos en memoria y construcción colectiva. Estos politizan el dolor convirtiéndolo en otra forma de la resistencia. A 50 años del golpe de Estado de 1976, SinMiga ofrece un breve ensayo de Tina Gardella en el que, como otra forma de resistencia, no sólo habla de politizar el dolor a través de aquellos juicios, sino que también nos ofrece una perspectiva de género, como otra manera de hacer justicia ya que, para ella, nombrar las violencias específicas también implca construir verdad.

 

 

COMUNICACIÓN, JUICIOS DE LESA HUMANIDAD Y PERSPECTIVA DE GÉNERO

dimensiones para la politización del dolor

Tina Gardella

 

El escenario es francamente interpelador. Discursos que se posicionaban como marginales pasaron del margen al centro del discurso gubernamental. Al mismo tiempo, discursos que parecían residuales y destinados a quedar atrás sobre todo a partir del Nunca Más, lograron renovarse, resurgir con fuerza y adquirir capacidad de interpelación y producción de sentido. Y aún más: del fuerte repudio al terrorismo de estado, con juicios desarrollados y desarrollándose, se percibe cierto desdén o escasa atención a las miradas negacionistas/reivindicatorias y también cierta naturalización de situaciones que hacen a una discursividad de odio que genera prácticas de odio, discriminación y desprecio por las diversidades y por lo diferente.

Tal escenario puede explicarse desde las políticas que sustentan las derechas radicalizadas de la actualidad. Pero específicamente en la disputa por un pasado que desde un presente se lo contiene y construye, la politicidad del campo de los derechos humanos es una realidad de origen. Y a esa politicidad, se la combate.

 

Los Juicios y la politización del dolor

Cuando en 1977 las Madres de Plaza de Mayo comienzan a concentrarse y realizar sus rondas, instalan a la restitución como gesto político: apelar por sus hijos a través de la frase “díganos donde están” -de absoluta actualidad por cierto- y cuya interpelación sigue estremeciendo. Pero además apelan a la restitución del discurso público. En plena dictadura, las madres hablan y lo hacen en una plaza, en el espacio público. Restitución de los hijos, restitución del discurso, restitución de lo político.

A partir de ese momento fundante se fueron configurando marcos de acción y significación que fueron variando en relación a los contextos socio-político que iban cambiando y a las propias relaciones de poder, tanto institucionalizadas como informales. En ese recorrido se crearon estructuras para representar los reclamos en el espacio público y en instituciones, con una dimensión ética, social y política que excedió ampliamente el drama personal y familiar. Al inscribirse en la trama colectiva, el dolor se politizó.

De esa praxis configurada por los mandatos históricos, las prácticas institucionales y las relaciones de poder, surgieron diferentes estrategias. Una de ellas fue darle a los Juicios el necesario estatuto político para que no sea sólo una cuestión punitiva sino también un dispositivo de construcción de memoria. En un proceso de intenso y profundo aprendizaje colectivo, Argentina fue recuperando historias, construyendo memorias, desocultando complicidades y señalando responsabilidades en relación a los delitos de lesa humanidad cometidos por el estado en el período 1975/1983.

Como principales actores agenciadores de ese proceso, los organismos de derechos humanos llevaron a la justicia –entre otras acciones movilizadoras- a quienes tuvieron participación en el plan represivo de detención, secuestro, tortura, desaparición y muerte de hombres, mujeres, jóvenes y hasta niñes que material y simbólicamente se traduce en la frase “Son 30.000 mil”.

En ese proceso de instancias judiciales que permitió la derogación de las leyes de impunidad, se iniciaron y multiplicaron los Juicios de Lesa Humanidad en la mayoría de las provincias argentinas. En Tucumán el primer juicio fue en 2008. El último en 2024. A estos 16 Juicios le esperan el Juicio por los hermanos Arancibia y el recientemente suspendido Juicio por la responsabilidad empresarial del Ingenio Fronterita.

La dimensión política/cultural del desplazamiento punitivo de Juicio y Castigo a Memoria, Verdad, Justicia, tiene en la frase Los Juicios son de todos, la historia es de todos, su mayor expresión. El probado daño transgeneracional de los delitos cometidos desde el estado durante la dictadura al escuchar los testimonios en un juicio, permite constatar que no hay un binarismo interioridad/exterioridad, sino procesos históricos donde se inscriben modos de subjetivación que son tales en situaciones colectivas que se indagan y se reflexionan en construcción permanente. Una muestra más de la politización del dolor.

 

Juan Pablo SÁNCHEZ NOLI, S/T. Instalación de pared con treinta reglas de acero inoxidable iluminadas a las que se les han borroneado las unidades de longitud, mediante un proceso de lijado manual. Medidas variables (30 x 2,5 cada una). 2023

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La perspectiva de género y la politización del dolor

La incorporación de la perspectiva de género en los procesos de Memoria, Verdad y Justicia, permitió que las violencias ejercidas en los centros clandestinos de detención (CCD) durante la última dictadura cívico-militar fueran caracterizados no como una forma más de la tortura sino como un crimen específico de lesa humanidad y de carácter imprescriptible.

Juzgar a los delitos sexuales en los CCD como crímenes de lesa humanidad fue posible dada la incorporación de la perspectiva de género en los procesos de memoria, verdad y justicia. Este abordaje permitió caracterizarlos como una violación específica de los derechos humanos ya que anteriormente no fueron considerados de manera particular sino como parte de los abusos y múltiples formas de sometimiento sexual que conformaban las prácticas sistemáticas llevadas a cabo dentro del plan clandestino de represión y exterminio.

Distintos testimonios de mujeres sobrevivientes en los CCD y cuyos casos fueron visibilizados en los diferentes juicios de lesa humanidad, dan cuenta que en el marco de la represión ilegal, las mujeres fueron afectadas diferencialmente debido al uso de la violencia sexual a las que fueron sometidas en los CCD, cárceles o diferentes lugares donde estaban secuestradas/desaparecidas/presas. A las características de “apátrida y despojado de normas morales” con que se consideraba a los llamados subversivos, cuando se trataba de mujeres, a esas identificaciones se le sumaban otras relacionadas con el imaginario social en su condición de mujer: mala madre, mala esposa, mala ama de casa…

De manera que tal sometimiento no puede ser procesado como una tortura más y explica las dificultades para denunciar las agresiones sexuales con consecuencias traumáticas muy difíciles de poner en palabras. Los testimonios en los diferentes juicios dan cuenta de la demora en denunciar estos hechos de profundas heridas que más allá de los castigos y condenas penales, dejaron huellas imborrables en la subjetividad de estas mujeres. Trasluce además las dificultades del sistema jurídico en la consideración de la violación como una instancia de carácter privado para lo cual se necesita que sea la propia víctima quien denuncie.

El testimonio como resguardo no solo de prueba jurídica sino también de reparación simbólica por el avasallamiento sufrido, coloca a las víctimas/testigo en un lugar donde la escena de juicio que se construye, excede ampliamente el marco jurídico y se instala en la intrincada trama de densidad política que vincula a los derechos humanos y la perspectiva de género. Es decir, en la misma politización del dolor.

 

La comunicación en los procesos de cruces y articulaciones

En tanto procesos socioculturales e histórico-políticos-jurídicos, los juicios de lesa humanidad configuran un escenario otro que habilita la construcción no solo de memorias sino de presentes que tienen como horizonte expectativas de transformación. Tal cometido solo puede cristalizar si en la configuración de ese presente acuden otras miradas que hacen de la distinción un dispositivo de acción/reflexión.

A partir de que las prácticas sociales se invisten de una dimensión comunicacional fundamental, transmitir y comunicar lo que sucede en la escena judicial y ser parte además de eso que sucede cuando las víctimas/testigos de delitos sexuales atestiguan y deciden si lo harán con sala desalojada o no, no es un simple “acatamiento” a un protocolo. Se juega la distinción del tratamiento comunicacional de los temas. Y se juega allí la perspectiva de género de quienes hacen de un protocolo, materia viviente y significante.

Porque es viviente y significante el testimonio de quienes comparten lo padecido. Por lo tanto, no se trata de una mera actualización de abordajes y lecturas de la realidad. Más bien se trata de la pregunta respecto de a qué interpelaciones históricas responden esos abordajes y qué concepciones se tiene de la comunicación como materialidad y como problema histórico-político.

La comunicación acude en consecuencia a sostener la politicidad e historicidad de esos testimonios desde una perspectiva de género que otorga carácter de problema y conflicto a la tipificación normativo/jurídica de los delitos sexuales en los CCD. La relación con el conflicto social y político es constitutiva de las condiciones de producción de los materiales comunicacionales y de las interpelaciones que recibe la Comunicación.

La perspectiva de género aporta categorías de análisis que otorgan densidad histórico/político a la construcción de memoria, verdad, justica. Y la comunicación -académica y/o profesional- tramita las tensiones que disputan la mera noticiabilidad y lo punitivo con las condiciones de posibilidad de prácticas significantes de construcción de sentido.

Juzgar un delito sexual como delito de lesa humanidad y de manera autónoma a las torturas en los CCD, fue posible por la penetración de la perspectiva de género en las prácticas judiciales. Pero fundamentalmente porque antes, esa perspectiva configuró y ya forma parte inescindible en los procesos socio culturales del presente. Presente configurado también por medios de comunicación, redes y plataformas que no sólo actúan, sino que son usados y contestados en el marco de formas de acción y organización colectiva.

Para el escenario interpelador planteado al comienzo, habría que pensar en escena judicial, campo comunicacional y perspectiva de género como modos organizacionales de la vida cotidiana que siempre está en modo experimental y en permanente crisis… politizando el dolor. Como la vida misma.

 

 

 


Tina Gardella
Locutora, Lic. en Comunicación Social y Magister en Planificación y Gestión de la Comunicación. Docente en la Lic. en Ciencias de la Comunicación (FFyL-UNT) y en la Maestría Problemáticas Contemporáneas de la Comunicación (UNJu). Directora de la Carrera de Locución Nacional (Unsta). Integra el Comité La Radio del Nuevo Siglo que nuclea a docentes y profesionales de Radio del país. Trabajó en LV7, LV12, Radio Nacional y Antena 8. Su trabajo profesional lo inició en la ciudad de Concepción en Radio El Clavillo, FM Mediterránea, FM Concepción y FM Universal. Fue conductora del Informativo diario de TeleSur, la televisión por cable del sur tucumano. Sus trabajos de extensión/investigación relacionan Radio y Derechos Humanos. Actualmente coordina el Nodo Noroeste del proyecto PISAC COVID 19 “Las radios y la continuidad educativa en el contexto de aislamiento social: relevamiento, diagnóstico y orientaciones para repensar la comunicación, la educación y la conectividad en Argentina”.

Imagen de tapa: Juan Pablo SÁNCHEZ NOLI, El tiempo no es absoluto. Instalación de pared con regla metálica de acero inoxidable intervenida e iluminada. 30 x 2,5 cm. 2024


Juan Pablo Sánchez Noli
Nació en Tucumán en 1976. Es egresado de Tecnicatura en fotografía- Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán-. Posee también estudios especializados en el International Center of Photography de New York y cursó el Taller C en la Facultad de Artes de la UNT durante los años 2023, 2024 y 2025. Fue becado por del Fondo Nacional de las Artes, British Council y La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Recibió el segundo premio adquisición en el concurso de fotografía Arte x Arte 2024 y el tercer Premio en la categoría fotografía del “110 Salón Nacional de Artes Visuales de Argentina 2022”. Además, expuso en 2024 VIII Premio AAMEC de fotografía contemporánea de Argentina. Museo Caraffa, Córdoba. En 2023 en la muestra organizada por el Fondo Nacional de la Artes “Marzo, Mujer, Memoria, Malvinas”. Casa Victoria Ocampo, Bs.As. En 2022 fue seleccionado para el festival Internacional de fotografía Fotolatina 2022, en México. En 2022 fue Seleccionado para la primera muestra de fotoperiodismo Ballena Azul en el CCK2022. En 2021 fue seleccionado en el Salón Nacional UADE 2021. Contacto: jpsancheznoli@hotmail.com  +54 9 381 631-8603