Redd y sus letras

¿Cómo es escribir letras de canciones? ¿Con qué elementos cuenta el que escribe? ¿Qué viene primero, la melodía o la letra? ¿Qué cosas son las que inspiran al letrista? El escritor y psicoanalista Ricardo Gandolfo cuenta en este texto cómo fue su participación como letrista de la banda tucumana REDD, que trascendió como una de las bandas fundamentales del rock progresivo argentino entre los años ´70 y ´80, y que aún sigue tocando, con diferentes integrantes pero el mismo vuelo musical.
Redd y sus letras
por Ricardo Ezequiel Gandolfo
Entre 1976 y 1981, existió en Tucumán una banda cuyo nombre fue Redd. Esta banda estuvo conformada por Luis Albornoz (guitarras, canto), Esteban Cerioni (bajo, canto) y Juan Escalante (batería, teclados, canto) en una primera etapa. En la segunda, a partir de 1978, con la salida de Juan Escalante de la banda, su formación se completó con Oscar Imhoff (voz), Marco Pusineri (batería) y Juan Raffo (teclados). Los dos últimos músicos fueron músicos de Rosario y de Buenos Aires que se prestaban para tocar con Redd, aunque lo integraron casi como músicos de sesión.
La producción de Redd en esos años difíciles la realizaba Gabriel Fulgado. Las puestas en escena, el arte y los dibujos fueron obra de los artistas plásticos Sergio Tomatis y Eduardo Joaquín. El sonido estuvo a cargo de Luis Misenta y luego de Freddy Cristo.
El cuarto integrante de esta banda era su letrista, ya que los músicos tuvieron una idea rarísima: encargar a un escritor local las composiciones de las letras. No era una práctica muy común en esa época, aunque King Crimson, banda inglesa con la cual nos identificábamos en aquellos años, tuvo a su Peter Sinfield, quien escribía los textos, como yo lo hacía con todas las canciones de Redd y muchos de los textos de los álbumes y los programas de sus recitales.
En aquel entonces yo era un joven psicólogo, recién recibido, que había escrito ya algunos poemas pero que todavía no tenía una obra publicada, cosa que sucedió en 1980 cuando me presenté en el Concurso “Coca Cola en las Artes y las Letras”, y un jurado compuesto por Olga Orozco, Alberto Girri y Eduardo Juarroz, me concedió el Primer Premio en Poesía por mi libro “Diario de Babel”, publicado finalmente en 1981 en la clásica Editorial Sudamericana.
La música de Redd fue extraordinaria. Alejada de las melodías pop que iban a producirse a partir de los años 80 en el rock nacional y que configurarían un formato de tipo canción, cuya vigencia sería finalmente casi completa, sus composiciones, por el contrario, acudían a una suerte de ejercicio de un contrapunto barroco, con cortes bruscos, melodías incipientes – a veces bruscamente sustituidas por otras -, más una armonía muy compleja, que hacía de los instrumentos que participaban piezas de una composición mayor en vez de delirios solistas innecesarios. Aunque cada uno de los músicos que intervinieron en Redd tenía un talento mayúsculo, eso estaba subsumido en la composición, que era ejercida por los tres integrantes iniciales y luego por Albornoz y Cerioni. Suele llamarse a este tipo de música “música progresiva”, pero creo que iba mucho más allá, ya que sus desarrollos estaban inspirados en King Crimson, grupo que no es precisamente progresivo y esto por tres razones:
- Jamás produjeron una obra conceptual, del tipo “Tales from Topographic Ocean”, de Yes, obra gigantesca tanto en su concepción como en su mal gusto.
- Sus influencias no eran la música clásica ni la música étnica, sino el jazz en su vertiente más free y las complejidades de música diversas como las escalas orientales que fascinaron a Robert Fripp desde muy temprano.
- Finalmente, tampoco se dedicó a los conciertos majestuosos, en grandes estadios, sino más bien a conciertos numerosos pero controlados. Fripp tiene esa idea en mente, el control como sinónimo de la libertad para componer y ejecutar.
No importa, en suma, cómo llamemos a esta música, lo cierto es que a mí me vino muy bien porque escribí letras alejadas de las confesiones de invierno o de verano o cualquier confesión personal, cosa de la que estoy decididamente alejado en mi escritura.
Y además había un dato adicional: la gran libertad con la cual pude encarar a todas las letras que escribí, libertad que era controlada no por adherir al ideario de Fripp, sino por la situación del país, que no era de libertad ni democracia precisamente.
Generalmente, yo escribía una letra basándome en grabaciones (¿casettes, los recuerdan?) que me mandaban Juan o Luis con la base melódica de las canciones que nunca faltaba, ya que, a una complejidad armónica, los músicos agregaron melodías muy hermosas y consistentes.
Y las ideas por lo general siempre fueron azarosas. Todo comenzaba por una frase que me daba vueltas varios días en la cabeza y luego me sentaba y comenzaba a desarrollar la idea. Por eso muchas composiciones de Redd (Tristes Noticias del Imperio, Matinée, Dedos Tristes, Los entretenimientos de medianoche del Dr. Frankenstein, El asesino sentimental, El Padre de Icaro) son historias que se desarrollan clásicamente, con un comienzo, un espacio intermedio y un final. Debo decir que son los temas que más me gustan, porque siempre me interesó que me contaran y contar historias. Me parece que la historia tiene la capacidad de permitir muchas interpretaciones y además “entretiene” (no temo a esa palabra ni como letrista ni como poeta) al oyente, lo hace seguir el tema con un interés adicional a ver adónde va a ir a parar ese relato.
La otra vertiente de las letras fueron mis estados de ánimo, que no eran muy claros ni muy precisos, pero inspiraron temas como Reyes en Guerra, Como la Esmeralda o Nocturno de Enero, en los que hay algo del amor que se termina, de los nuevos amores y de la desolación de la época.
Al mismo tiempo seguía leyendo y escribiendo poesía. A eso no he dejado de hacerlo nunca, lo que me permitió tener un sentido de ritmo poético que intenté insertar en los temas de Redd, aunque no creo haberlo logrado siempre.
El tema que no quiero eludir es el de la canción vs el poema. Para mí es una discusión poco precisa, porque hay canciones que tienen un sentido lírico extraordinario y poemas de un prosaísmo horrible que arruina todo. Lo que sí me parece pertinente es que las canciones tienen que ajustarse a la melodía, tienen que tener una métrica que – consciente o inconscientemente – haga posible ese ajuste. Además, las canciones por su estructura son estrofas, divididas por un coro cosa que “obliga” a repetir algunas de sus líneas. De estos elementos formales el poema puede prescindir, puesto que no se acopla a ninguna música y aunque se han hecho experimentos de musicalizar poemas, eso constituye para el escrito una experiencia de segundo grado, donde no siempre se encuentra el sentido del mismo.
¿Y la inspiración? Bueno, creo poco en ella, aunque la capacidad de ensamblar palabras con el objetivo de que aludan – no designen directamente – objetos, a la vez también borrosos, es algo que es difícil de explicar solamente por mecanismos conscientes o inconscientes. Hay talento para hacerlo. Hay también voluntad, aunque me parece el camino más estéril para convertirse en “poeta”, como le gusta decir al vulgo. Lo único que puedo decir al respecto es que siento un profundo orgullo de haber sido parte de esa experiencia.
Como afirma un poeta y letrista que admiro muchísimo, Leonard Cohen: “Del mismo modo escribo. Es una especie de enfermedad, de desorden insoportable, de insoportable inutilidad que me lleva a echar mano a lo que sea que tenga. Uno tiene pocas cosas, tiene que rascar sus bolsillos. Finalmente, se le ocurre algo que puede habitar y cambia sus ideas acerca de sí mismo, cambia su corazón. Poesía y canción son las cenizas de la experiencia, cenizas de cosas que ardieron bien, que se purificaron. Si uno remueve las brasas, encuentra ceniza hermosa, suave y blanca: eso es una buena canción, un buen poema y puede volar en el viento directo hacia uno, volar hacia el corazón”. (1)
Eso de “volar hacia el corazón”, espero que las letras de Redd hayan sido un vehículo posible para lograrlo. Y también lo de “insoportable inutilidad”, ya que todas las letras del mundo y todos los poemas del mundo lo son y es por eso que el ser humano no puede vivir sin ellos, y tiene que volver a recostarse en esas palabras que evocan mundos extraños o experiencias hermosas, tristes o terribles, ya que no está hecho solamente para la utilidad bancaria o comercial. Y esa inutilidad es la que nos hace vivir, vivir con un deseo verdadero.
(1) Carina Sedevich. Leonard Cohen: la poesía como axis mundi. en Revista La Tinta, 14 abril 2023. https://latinta.com.ar/2023/04/14/leonard-cohen-poesia/