porque lo Importante es el contenido - ISSN 2545-8353

DE ABORTOS Y OBJETORES

DE ABORTOS Y OBJETORES

DE ABORTOS Y OBJETORES

Por Cecilia Ousset

 

Soy ginecóloga católica y en múltiples oportunidades repetí que nunca había hecho ni podría hacer un aborto por mi religión.

Esto significa que soy una objetora de conciencia.

Y mi conciencia es personalísima. Es decir, nadie en el mundo puede objetar por mí. Es una decisión íntima que estoy dispuesta a defender a toda costa y sobre la que nadie puede influir.

Creo que lo  más emocionante del debate sobre la legalización del aborto fue que podamos hablar con historias reales. Y les quiero contar mi historia real en el hospital público real de la ciudad de Mendoza.
En no pocas oportunidades, entre los años 2000 y 2004 en los que trabajé en el Lagomaggiore; llegaban órdenes judiciales donde se nos exhortaba a los médicos a terminar a la brevedad un embarazo por alguna de las causas contempladas en el artículo 86 del código penal.

Sin dilación, yo firmaba la historia clínica explicando mi religión y mi objeción de conciencia y llamaba a otro compañero o compañera que sin problemas, llevaba a cabo la interrupción del embarazo dispuesto por ley. Después seguíamos nuestro día juntos, respetando el uno al otro. Esto último era tan natural, que no podría recordar quién era objetor y quién no. Sencillamente era una decisión personal en la que nadie opinaba. Eso llevaba a que el trabajo sea rápido, en paz y sobre todo, libre.

Escuché en el Senado un concepto tan cargado de hipocresía, que nunca me hubiera imaginado que  existiera : ese concepto es la “objeción de conciencia institucional”. ¿A quién se le ocurre que una institución puede tener una conciencia, si ni siquiera es un ser pensante? ¿Cómo podría una institución sentirse compungida o arrepentida o presionada? Sólo un ser humano puede tener sentimientos, creencias o moral.
Sinceramente nunca pensé que existiera algo que en democracia pueda coartar la libertad personal más que la “objeción de conciencia institucional” que pretenden imponer algunos nosocomios.

Porque lo único que creo, es que detrás de ese concepto falso, está la conciencia de alguien que la impone a los demás, haciendo abuso de poder y presionando con la continuidad laboral o el juicio moral a un profesional que en su propia conciencia (que es la única que importa y existe), NO ES objetor.

¿Quién en su sano juicio puede suponer que un hospital completo estaría en contra de realizar un aborto, si es un tema con el que no nos podemos aún poner de acuerdo en el seno de una familia o en una cámara de senadores?

¿Quién quiere tapar con un título pomposo la verdad? ¿Que son instituciones donde no se respetan las libertades individuales, de pensamiento, de palabra, de obra ni de omisión?

Lo más grave de todo esto es que, al ser un país con libertad de culto pero con gran mayoría de personas católicas, son las católicas las que en mayor número abortan. Y son justamente megahospitales privados, católicos, (con confluencia de derivaciones desde todo el país,como el hospital Austral), los que quieren declararse “objetores” en su totalidad.

Es decir, instituciones que no respetan las decisiones individuales de médicos ni pacientes y quieren que las leyes se acomoden a sus intereses, para sostener una moralina vacía que nada tiene que ver con el libre albedrío ni la verdadera fe, arrojando a sus fieles a la clandestinidad para salvaguardar la imagen de “templo-hospital” al que (paradójicamente), no se entra sin pagar una jugosa suma de dinero.

Pienso que sería menos hipócrita de parte de las cabezas de estas instituciones, que contraten dos médicos no objetores (para no tener que rasgarse las vestiduras con la realidad de que entre sus filas ya hay profesionales a favor de la interrupción voluntaria del embarazo) y dejen de hacer lobby para que cambien los artículos ya votados positivamente en la Honorable Cámara de Diputados.

Señores senadores: que sea ley.

 

 

Cecilia Ousset
Médica especialista en tocoginecología. Nacida en S.M. de Tucumán, hizo su especialidad en el Hospital Lagomaggiore de la Ciudad de Mendoza desde el año 2000 al 2004. Trabaja en el sistema privado de salud en Tucumán desde el 2004 a la fecha.

 


Tapa: Diego RUIZ, Nuevo testamento. Instalación de pared (detalle). Ejemplar del Nuevo Testamento adherido a la pared con cinta de embalar color rojo. 0,35 m x 0,35m aprox. 2016