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Entrevista a Martín Falci

Entrevista a Martín Falci

Sala Orestes Caviglia, domingo, 4 de la tarde, siesta invernal pero tibia, la función del Festival Tucumán Cine se había suspendido por filtraciones de agua en la sala, originadas en la interminable obra cloacal de San Martín al 200… De entre medio de los escombros, aparece Martín, todo vestido de negro, muy cool, junto a amigo ídem, productor cinematográfico él, sumamente parecido a uno de los protagonistas de Las Ventajas de Ser Invisible, intensa y psicoanalítica peli yanqui de hace unos años…

 

Entrevista a Martín Falci, director de la película “La Hermandad”.

 

SM: Hola, Martín. ¿Cómo andás? Los de SIN MIGA queremos hacerte una entrevista por tu peli. ¿Cuándo podés?

MF: ¿Ahora, puede ser? nos descerraja el director de LH, sorpresivamente… Ahí mismo partimos a La Bernasconi (juramos que no tenemos el auspicio), un café desde cuyo piso superior se ve toda la Plaza Independencia, sus naranjos ya sin naranjas y sus vendedores de algodón de azúcar rosado… Dos cafés cortados para MF y su amigo de mirada cinematográfica, un café negro y una coca zero para nosotros. Previo accidentado encendido del grabador del celular, comenzamos…

SM: ¿Cómo fue el proceso de realización de la película, desde la idea original hasta el film terminado? ¿Cuáles fueron las etapas y en qué consistieron? 

MF: Podría decirse que empieza en 2012 y termina en 2019… Formalmente, en 2015 presentamos el proyecto al INCAA y antes de las elecciones nos aprobaron. La idea surgió cuando estudiaba Antropología y Producción en la Escuela de Cine en 2012, y la venía desarrollando en distintas clínicas y laboratorios como FTC, Infancias, Gleyzer o el LabinTuc, por ejemplo. En 2016 esperamos que el dinero saliera, pero no sucedió. Con todos los cambios del Instituto, el film se demoró y se pasó al campamento del año siguiente. Estábamos atados a las fechas del evento organizado por el colegio, a diferencia de cualquier rodaje de ficción. Y fue exactamente dos semanas antes del campamento 2017 cuando activamos la pre producción: pagamos el campamento todos los integrantes del equipo, como si fuéramos alumnos, definimos los técnicos, seguros, préstamo de cámaras, sonido, todo fiado, prestado, conseguido como sea, porque no teníamos la plata todavía pero había que filmar o filmar, porque hacía poco nos habíamos enterado que sería el último campamento de hombres, y no sabíamos qué iba a pasar al año siguiente… El rodaje fue un éxito gracias a toda una hermandad de técnicos que confió en el proyecto, y a la promoción 2017, que nos permitió registrar ese año. En 2018 empezamos a editar, en forma lenta, porque teníamos 60 horas de material. Se organizó lo filmado, luego hice un visionado de todo, y a partir de allí fueron dos meses con dos pausas importantes en el medio para decantar el proceso. Continuamos en 2019 cuando terminamos el montaje, hicimos la post producción de sonido, se creó la música original, corrección de color, y listo, película terminada. Toda una odisea, créanme que recién estoy tratando de dimensionarlo (risas)…

SM: ¿Cómo fue la selección de los niños protagonistas? ¿Qué interacción hubo entre vos y ellos durante el rodaje? ¿Qué devolución tuviste de los niños después que vieron la película por primera vez?

MF: Los elegí exactamente una semana antes del rodaje. Fui conociéndolos el mes previo del campamento, como un egresado que visitaba el colegio. Ellos jugaban con mi celular y con un “estabilizador” y se registraban a sí mismos con total naturalidad. Son una generación acostumbrada a la imagen digital, lo que facilitó las cosas. Así fui tanteando con quienes tenía mejor feeling, acceso, acercamiento, empatía. Elegí diez perfiles variados, estereotipos diferentes, en los que yo me sentía representado de alguna manera, para que convivieran en una carpa todos juntos, y desde allí filmar el campamento. Primero nos hicimos casi amigos, eso permitió que la cámara se acercara para registrarlos. Pero no me metía mucho, aparecía y desaparecía, día a día lo iba calculando, para no cansarlos y tampoco intervenir tanto en su cotidianeidad. Fue un proceso meticuloso, de ir probando cuándo acercarse más y cuándo menos.

Captura de Pantalla de LA HERMANDAD. Gentileza Martín Falci.

Fue muy emocionante ver la película con ellos. Tenía mucha ansiedad sobre cómo iba a ser la proyección. La devolución fue impecable. Ellos sabían que habían sido filmados porque todos los días estábamos con las cámaras al lado, nos habían autorizado, ellos y sus padres, pero se vieron como protagonistas por primera vez en una proyección especial. Y creo que se sintieron muy contenidos. Muchos lloraron, nos abrazamos. Con ellos pasó algo fuerte, casi como que fui un egresado “tutor” y ellos, mis “pupilos”; hubo mucha confianza y complicidad en el rodaje, como de un hermano mayor a un hermano menor.

SM: ¿Cómo crees que será leída tu película en este Tucumán pro vida que a la vez es cuna de agrupaciones feministas fuertes? ¿Te interesan esas miradas?

MF: Ojalá sea leída desde todos los lugares posibles: la belleza, la polémica, la educativa, la amorosa, la contradictoria. Tengo claro que todo lo que implica mostrar algo “conocido”, pero que está “enclaustrado”, genera cierta tensión, temor, y entiendo que sea así. En Tucumán existen muchos guetos, subgrupos, sectores que se creen superiores por alguna religión, entre otras cosas. Absolutamente me interesan todas las miradas. Desde que inicié el proyecto sabía que me estaba metiendo en un lugar pantanoso y sin muchas respuestas, pero jamás imaginé coincidir con este actual movimiento del feminismo mundial, ideal para repensar la masculinidad. Porque la película también tiene algo de eso, de cómo se construye el hombre del patriarcado. El modelo agotado, el que se está terminando. Y en algún punto lo disfruto. Porque para eso hago cine, para generar preguntas, inquietudes. Yo no tengo todas las respuestas. Sería muy soberbio bajar línea, o plantar “mi verdad”. La realidad es contradictoria, paradójica, como la vida misma. Y eso es lo que me interesaba desde siempre, esa dicotomía. Contar que el campamento era hermoso, pero que existía esa violencia arraigada, y hasta imperceptible, cuando éramos varones adolescentes. Y no podemos juzgar a niños ni adolescentes, no, señores. Debemos apuntar a los medios de comunicación, a las escuelas, las familias, a las instituciones que nos ordenaron ser hombres fuertes, reprimidos, que no se permiten sentir. Y creo que la película refleja inconscientemente algo de esa ruptura, hombres que están queriendo ser mejores luego de que la violencia les arrebató a su hermano…

 

(Poco tiempo antes del campamento registrado en La Hermandad, un alumno del Gymnasium Universitario, Matías Albornoz Piccinetti, fue asesinado a manos de un alumno de otro colegio secundario de San Miguel de Tucumán, en una pelea callejera)

 

SM: ¿Quién mira, quién narra en La Hermandad? ¿Desde qué posición?

MF: Mira un Martín Falci niño, dividido en los ojos de diez niños que viajan por primera vez a un campamento. Desde una posición inocente, que refleja de algún modo más puro la sorpresa, la alegría, el temor y la tristeza infantil.

SM: ¿Por qué elegiste ese título para tu película, La Hermandad, un nombre que tiene claras reminiscencias religiosas y de gueto? ¿No te pareció jugado?

MF: ES jugado. También en el camino pensé mucho en títulos como “La Fraternidad”, e incluso también “La Iniciación”. Creo que sí hay algo religioso en ser gymnasista. Claro que somos un gueto, y no me da vergüenza decirlo (risas)…. Incluso el clímax de la película tiene hasta algo evangélico, ¿no? Es un sentimiento de pertenencia fuerte, aunque no por eso deja de estar plagado de contradicciones y tensiones. Pero eso también lo hace ser un sentimiento real, puro, intenso, ahí hay identidad colectiva. La Hermandad me remite a todo eso condensado, pensar en alumnos de distintas épocas como hermanos mayores o menores, e incluso con mis protagonistas como hermanos menores, esa hermandad que se crea en las tutorías, año a año, de mayores a menores, una hermandad llena de significados complejos, que es también un sello de vida.

Captura de Pantalla de LA HERMANDAD. Gentileza Martín Falci.

SM: En qué aspectos crees que públicos de otras latitudes podrán identificarse con la propuesta de La Hermandad?

MF: Ante todo, creo que cualquiera se puede identificar con un niño. Todos hemos sido niños, puros, genuinos, inocentes y fuimos a la escuela. Es inevitable ver la película y compararla con la escuela de uno. También podrán identificarse con la inocencia, la amistad, la infancia. Incluso desde el tema del campamento, hay cientos de películas de este subgénero que atraen mucho, muchas sobre fraternidades, bautismos, ritos de iniciación. Creo que también atrae ese universo tan absoluto y particular, cuasi militar pero tierno a la vez. Por otra parte, también está lo masculino como una construcción de ser hombre por la fuerza, algo con lo que muchos pueden identificarse, en cualquier lugar, y más ahora en medio de un cambio de paradigma radical como es el que se está sucediendo mundialmente, gracias al feminismo.

SM: ¿Considerás que la elección del género documental te deja con esa sensación de que fuiste objetivo o creés que hay un claro proceso de recorte y selección desde una mirada?

MF: El género que elegí es sólo porque el campamento es real, y quería trabajar con la realidad. El documental es más que la ficción en un evento así, la realidad es más, hubiera sido impensado hacer una ficción de estas dimensiones. En este caso hay un punto de vista marcado y una selección muy fina de qué material quedó y qué sentido se buscaba generar. Por algo hay ciertos acercamientos de cámara en escenas puntuales, además de ambientes sonoros creados. Jamás pensaría que un documental, por el mero hecho de ser documental, es objetivo. Todo lo contrario.

SM: ¿Cómo fue la relación entre productor y director, es decir, entre Benjamín Ávila y vos? ¿Cuáles fueron los aportes más importantes de Benjamín en tu película?

MF: Ante todo, una relación de amigos, y de respetar mucho el lugar de cada uno. Creo que de alguna manera entre Benja y yo formamos una hermandad (risas)… Para mí fue muy importante ser productor primero, porque de alguna manera mi desafío era dejar de serlo en este proyecto, principalmente, correrme por primera vez de ese lugar para confiar en que otro productor hará realidad el proyecto. Benjamín colaboró mucho en la etapa de desarrollo hasta llegar a la definición del punto de vista. Estoy muy agradecido de habernos cruzado, de sus consejos y de cómo incentivó mi lugar de director. Sobre todo confiaba ciegamente en mi búsqueda de vinculación con el campamento, con los chicos, y mis conocimientos propios de egresado. Había visto las imágenes que había filmado en 2014 y desde ahí confió. En el rodaje hasta hubo días en que no estuvo, como también había días que hizo cámara en algunas escenas, para colaborar con el equipo. Y lo que también valoro es que respetó mi decisión personal de trabajar con técnicos tucumanos, para seguir profesionalizando y defender nuestra industria. Hay que entender que la relación director-productor es fundamental, desde que se inicia el proyecto, hasta el resto de la vida. Así que estoy muy agradecido. Sin él hubiera sido imposible hacer la película, porque cuando me presenté al INCAA de forma personal, me rechazaron. Él generó las posibilidades del INCAA, y yo generé desde acá un increíble apoyo local. Nos complementamos de una forma inesperada, y como te digo, no puedo estar más que agradecido.

SM: ¿Qué cambiarías hoy de la película?

MF: Nada y todo. La amo y la odio a la vez… Es difícil pensar en eso, porque siempre hay algo para mejorar. Ya me convencí que uno no “termina” los proyectos, sino que los “abandona”, porque podría seguir cambiando cosas por siempre. Solo sé que quedó algo tan grande que ni me imaginaba… Y eso ya es mucho.

 

En este punto, apagamos el grabador. Los pocillos estaban vacíos, el té de frutos rojos otro tanto, hasta los vasitos de soda habían llegado a su fin… Ahora había un poco de más de gente en la Plaza, el vendedor de algodón de azúcar se paseaba por la plaza con sus algodones envueltos en un plástico que los vuelve un poco tristes… Era domingo, y era lento, como todos los domingos. Hacía un poco más de frío que antes. Bajamos la escalera de caracol del bar, nos despedimos en la calle, nos dimos un abrazo con Martín y su amigo de anteojos de sol aptos para el atardecer, y nos fuimos caminando y charlando sobre bueyes perdidos. Por alguna causa, parece que los bueyes siempre se pierden, es algo muy raro. Quien no está perdido para nada es Martín, que en su película se encontró con los miedos y gozos de su infancia, los reconoció y los lanzó al mundo. Las hermandades también se pueden construir entre uno mismo y todos los que somos simultáneamente, qué duda cabe.

 

  • Nota: La Hermandad será proyectada en el Espacio INCAA (Teatro Orestes Caviglia, San Martín 251) los días domingo 1 y Lunes 2 de Septiembre a las 22.00 hs y Martes 3 de Septiembre a las 18.00 hs.

 


Martín Falci
Licenciado en Cinematografía (UNT), director y productor. Fundó la productora independiente 47.PLANOS que acompañó proyectos independientes de directores en Tucumán: TOTITITA (de Bonzo Villegas), LLAMADA NOCTURNA (de Natalia Quírico), ÉRASE UNA VEZ EN EL NORTE (de Franco Lescano) y LA AUSENCIA DE JUANA (de Pedro Ponce Uda). Trabajó como crítico de cine en la web latinoamericano CINEFIS y su blog personal del diario LA GACETA, además de organizar numerosos ciclos de cine. Conductor del programa humorístico radial LOS VIUDOS DE LOS VIERNES y productor del talk show DE NOCHE CON MIGUEL MARTÍN, ambos programas nominados al MARTÍN FIERRO Federal. Preside la Asociación Civil TUCUMÁN AUDIOVISUAL que nuclea trabajadores audiovisuales de todas las áreas e impulsó la LEY AUDIOVISUAL PROVINCIAL. LA HERMANDAD es su primer película como director, a estrenarse en 2019.