COVID-19 Y LOS UMBRALES DE LO POLÍTICO

COVID-19 Y LOS UMBRALES DE LO POLÍTICO

¿Qué nuevos rumbos debe tomar la figura del Estado en tiempos de pandemia? ¿Cómo conciliar lo individual y lo colectivo? En última instancia, ¿qué nuevos sentidos debe adquirir la praxis política cuando “lo político” se ha convertido en uno de sus tantos significantes vacíos, aún más enrarecidos por la perplejidad y la incerteza? En medio de paradigmas que mutan, María Marta Luján nos invita a ejercer la impostergable tarea de la reflexión colectiva con un horizonte común: una vez más, la búsqueda de la igualdad.

 

 

COVID-19 Y LOS UMBRALES DE LO POLÍTICO

Por María Marta Luján

“Todo lo sólido se desvanece en el aire
todo lo sagrado es profano
y los hombres, al fin, se ven forzados
a considerar serenamente sus condiciones
de existencia y sus relaciones recíprocas” 

Karl Marx, El manifiesto comunista

 

Sin dejar de insistir una y otra vez sobre la dimensión ética como punto de partida y horizonte innegociable de la tarea intelectual, María Pía López afirma: “Ante la amenaza de la pandemia y la suspensión de la cotidianeidad aparece la pregunta por quiénes hacen lo imprescindible y lo impostergable”.

En los últimos días (no podemos ni siquiera hablar de un mes) han proliferado las interpretaciones sobre el coronavirus con una rapidez y abundancia que ni la reclusión obligada permite abarcar. Descarto desde ya, las visiones religiosas que presagian el apocalipsis, escuchan la voz de Cristo o creen que estamos ante otra de las tantas maniobras de intromisión diabólica.

Uno de los esquemas interpretativos que más ha circulado en estos días, es el que augura un posible, acaso inminente sepelio del neoliberalismo, más allá de los Estado-Nación, que redundaría en estilos de vida más solidarios y comunitarios; se trata, creo, de una riesgosa expresión de deseos que las abundantes conductas sociales del “sálvese quien pueda” vendrían a desmentir. Si bien es cierto que el liberalismo está en crisis, es poco probable que desaparezca sin reinventarse.

¿Se trata, como afirma otra hipótesis, de una excepción producida, como tantas en la historia, de un invento para infundir el terror y de ese modo justificar la intervención militar y medidas económicas de emergencia? ¿Siempre y necesariamente el Estado está articulado al Capital? ¿Hay algo que atente más contra el neoliberalismo consumista que la no circulación o el cierre de comercios y fronteras?

Si no podemos caer en el simplismo de creer que el COVID- 19 es simplemente un plan maestro de una conspiración global para sujetarnos, tampoco podemos negar que algunos poderes usan las contingencias para extraer beneficios.

Ahora bien: ¿el control es pura y necesariamente político o el poder acude a sus dispositivos de control que hoy son las redes y la hiperconectividad?, ¿la vigilancia tecnológica ha salvado vidas?, ¿sería la infodemia[1] una excepción informativa?, ¿qué rol cumplen las nuevas tecnologías en la promoción de pánico, racismo y vigilancia?, ¿puede la técnica operar como resistencia, esperanza y solución?

Sebastián ROSSO, Puertos. Imagen de archivo intervenida digitalmente. Medidas variables. 2007

Hablo de lecturas interpretativas que, si bien ejercen una irresistible seducción, muchas veces parecen ajustarse a un paraguas teórico anteriormente elaborado que la irrupción del COVID- 19 vendría a corroborar. El virus, significante vacío, flota y se asienta en configuraciones ideológicas diversas que le imprimen su marca; ha sido comparado con el populismo o leído como metáfora del neoliberalismo; como su evolución y propagación. Lo cierto es que la pandemia es pura contingencia y su incierto devenir nos obliga a re-situarnos, a revisar lo planificado, a repensar teorías, constantemente, día a día. Porque si hay algo que el virus viene, justamente, a desbaratar- y en eso se lo podría leer como apoteosis de la posmodernidad- es cualquier tipo de certidumbre, de verdad revelada. En estos días, así lo demuestran los verbos más utilizados por los representantes de la ciencia médica: “podría”, “creemos”, “suponemos”, “quisiéramos”…

Nada más alejado de mi propósito que hacer una lectura crítica de las teorías sobre este fenómeno; sería soberbio y excedería mis competencias intelectuales.

Sí, en cambio, me gustaría tomarlas como disparadoras de interrogantes, como potenciales puntos de partida para plantear otro tipo de cuestiones, que, como dice López[2] forman parte de lo imprescindible y de lo impostergable. Este ágora de profetas, este coloquio universal de dilucidadores, como sus esquemas interpretativos, podrían operar, en todo caso, como generadores no intencionales de otro tipo de decodificación y de otros lugares desde los cuáles plantearse cuestiones como la vida, la muerte, el sufrimiento y la agonía de los cuerpos; de qué manera la tragedia reproduce las asimetrías sociales; pero sobre todo a quiénes les cabe, en última instancia, más que la culpa, la responsabilidad de decidir, en lo inmediato, sobre estas cuestiones que reclaman urgencia, que no pueden detenerse en la divagación ad infinitum de las disquisiciones filosóficas, porque el tiempo apremia y los cadáveres se acumulan no sólo en las estadísticas sino en los pasillos de los hospitales y hasta en las calles.

Si la pandemia no es la cifra de una realidad más profunda, inaccesible al sentido común de los legos, lo que sí hace, indudablemente, es develar, -correr el velo- desenmascarar y desnudar las identidades sociales y sus verdaderos intereses; viene a interpelarnos no sólo en nuestras formas de ver el mundo sino en cómo vemos –si las vemos- las maneras de cambiarlo. De lo que se trata, creo, es de aprovechar la oportunidad – el tiempo como oportunidad- de re-visón, exprimir la capacidad del virus de volverse una brújula para interpretar la historia y guiar los caminos que brinda este presente detenido para influir en futuros posibles. Filosofía de la praxis, diría Gramsci.

Leo la crisis actual como un sismo, un quiebre que desacomoda nuestros lugares habituales para poner en el centro de la escena algo concreto y apremiante: la praxis de lo político; la economía y la salud no como ámbitos que se excluyen sino que se relacionan y re-ubican en un proyecto político concreto; porque si la pandemia es global, las políticas son locales. Las prioridades, el amparo y la intemperie no se tramitan con los mismos parámetros en Brasil, Alemania o Corea del Sur.

En tal sentido, las medidas de nuestro gobierno echan luz sobre la diferencia entre la política como gestión, administración de la cosa pública y la recuperación de lo político como campo de posibilidad.

Se trata, más que del rescate del Estado en sí, de su trasformación, de la refuncionalización de sus instituciones y de su capacidad de intervenir en el cuerpo social. Un Estado que establece prioridades y ejecuta, sobre la marcha, medidas en las que los destinatarios son, indiscutiblemente, los más vulnerables. Una política que demuestra que el Estado puede ser instrumento de transformación, del aumento de libertades y derechos, de redistribución desde arriba hacia abajo y no necesariamente dispositivo de opresión y manipulación; tal re-posicionamiento muestra que es capaz de levantarse contra los intereses del poder económico para ponerse del lado de los perjudicados, asumiendo su defensa.

La firmeza de un liderazgo en la toma de decisiones no implica imposición sino la capacidad de traducir la voz del otro, de retomar una multiplicidad de demandas insatisfechas y marchar, con esos fragmentos, hacia la construcción de lo común. Ante el desafío histórico, un líder toma las riendas del asunto pero escuchando la voz de los expertos y priorizando la salud del cuerpo social sobre el criterio de la productividad y la lógica del mercado. Es ahí, creo, donde radica su legitimidad y la posibilidad de construir hegemonía.

Leo en este viraje, lo que Ernesto Laclau[3] llama un “umbral de percepción de lo político”, una torsión que procura llevar al ámbito de la institución la inestabilidad, la fragilidad, el desamparo, la angustia, pero con la certeza de que sólo un Estado presente puede contener la multiplicidad de las demandas. El Estado, así, interpela a los de abajo, crea canales para recoger y atender necesidades; en ese acto de institución, captura y expresa las particiones del antagonismo social: el pueblo y los rezagos del neoliberalismo gauchesco. Más que de facciones, de bandos o de “grieta”, se trata de la radicalización del juego democrático que afirma el proceso, marca el rumbo y hace, del pueblo, su sujeto.

Sebastián ROSSO, Loop. Imagen de archivo intervenida digitalmente. Medidas variables. 2008

Los “miserables” no son, en este caso, las clases trabajadoras que siguen, ahí, atendiendo en las cajas de los supermercados, reponiendo las góndolas, trabajando en las fábricas, manejando colectivos, en las salas de salud y los servicios de seguridad; o los que no tienen ni la posibilidad de trabajar y son asistidos por el trabajo expuesto nunca lo suficientemente reconocido y valorado de las organizaciones sociales y los curas villeros. Del otro lado, están los que, ante un virus que iguala, persisten en sostener las marcas de la distinción: el yate, la isla, la tabla de surf, la mucama en el baúl… Es entonces cuando se echa mano al significante libertad, profanado en función de los intereses individuales que se sienten amenazados por el ”autoritarismo” el “populismo”, el “divisionismo”, el “ataque a la empresa y la producción”. Pregunto: ¿a cuántas y cuáles libertades estamos dispuestos a renunciar en pos del bien colectivo?

El umbral político se enfrenta, también, con los restos de un Estado desmantelado e impotente. El virus se asienta sobre la base muy anterior de la desigualdad social y, a medida que se propaga, generaliza, empeora o amenaza la vida de los más desposeídos, de quienes tienen menor acceso a las instituciones de salud, los cuerpos más frágiles. La consigna “Quedate en casa” adquiere otras connotaciones en los hogares donde los muros son precarios y las condiciones de hacinamiento atentan contra la prevención del contagio.

Eduardo Rinesi[4] remarca el hecho de que el Estado no es un mecanismo unitario ni un conjunto de dispositivos coherente sino una maquinaria compleja y llena de tensiones y que la lucha por los derechos debe darse al mismo tiempo en todos los planos. Hoy, frente a la pandemia podemos ver que, mientras determinadas dependencias del Estado están empeñadas en la contención y auxilio de los ciudadanos, otros sectores siguen reproduciendo, como lastre, y supuestamente amparados en el decreto presidencial, formas de violación a los derechos humanos de esos mismos ciudadanos, con métodos que recuerdan demasiado a los de la dictadura. Se trata, y es justo aclararlo, de algunas zonas de las fuerzas de seguridad, no de todos sus miembros, muchos de los cuales están abocados al reparto de alimentos o al traslado de enfermos.

Las imágenes de ancianos, embarazadas y discapacitados agolpados frente a los bancos en plena cuarentena, demostraron que la definición discursiva de un proyecto no es suficiente para garantizar la gestión de las desigualdades; que la  precariedad expuesta entraba en contradicción con las medidas concretas que se tomaron desde el primer día y con la consiga del cuidado de los cuerpos. Ni las disculpas, ni la organización de los días posteriores, ni una mayor claridad en la comunicación pueden resarcir lo que pasó ni lo que puede venir. Evidencia que la conducción del gobierno no puede permitirse estos descuidos y que la gravedad de la emergencia sanitaria no ofrece ese margen; que no es un desliz más sino un tropiezo que horada el rumbo y que el liderazgo debe retomar el timón -hoy más pesado- con más fuerza y con la ruta re-encauzada.

Demuestra que en tierra arrasada hay hierbas agazapadas, que renacen en los resquicios: el interés de las instituciones bancarias es cualquier cosa menos público y la dirigencia sindical atiende su juego. Pero el desafío del Estado es imponerse sobre los poderes concentrados y los ghettos gremiales para amparar a las mayorías.

El Estado, como lo señala Pierre Bourdieu[5], es un conjunto de campos que regulan prácticas particulares; en ocasiones, éstos pueden actuar como líneas de fuga del proyecto de construcción hegemónica y entrar en contradicción. Desde algunas áreas-ANSES, Banco Central, Seguridad Social- la respuesta del Estado no alcanzó a cubrir el esfuerzo logístico y operativo que se requiere para sostener el aislamiento preventivo de los adultos pobres; algunos funcionarios no pudieron ver que hay una realidad más allá de sus escritorios y de las videoconferencias. No debieron desconocer que el miedo de muchos tiene más que ver con algo tangible, conocido, como el hambre, que con la amenaza mediática de un enemigo invisible. Porque si hay alguien exculpado en esta historia son los vulnerables física y socialmente, sujetos y objeto de un proyecto que se quiere nacional, popular, inclusivo e igualador. Lo que queda claro, indudablemente, es que quienes no pueden erigirse en la voz altisonante de su defensa -cacerola mediante- son los sectores que aumentaron la pobreza socavando derechos y a los que de pronto les aflora una impúdica sensibilidad social.

Como lo ha señalado García Linera[6], la emergencia de una nueva forma de Estado, que él llama “punto de bifurcación”, es un pasaje, un flujo de marchas y contramarchas flexibles e interdependientes, que afecta estructuras económicas, políticas y simbólicas. La transición estatal habla de una nueva correlación de fuerzas o bloque dominante en el control de la toma de decisiones, pero a la vez de la persistencia y continuidad de prácticas añejas, de antiguos grupos de poder interno que reproducen aún parte del viejo Estado. Del liderazgo, de la autoridad que legitima y de la capacidad de construir hegemonía dependerá la eficacia del nuevo Estado y sus posibilidades de afianzarse en el futuro. Apuesto a que vamos en ese sentido.

El virus no es un invento ideológico, pero tampoco es puro dato de la biología sino que se halla atravesado por imaginarios, sentidos, discursos de poder en disputa.

Las reflexiones sobre la coyuntura de pandemia tienen –creo- que ir más allá, o más bien más acá- de los discursos más sistemáticos, más estructurados y más audibles. En efecto, se deben discutir el funcionamiento material de las instituciones, el Estado como escenario de luchas, las prácticas de los gobiernos y su articulación con la vida colectiva. Considero, en fin, que una “investigación militante”[7] debe centrar el análisis en el tema fundamental al que nos enfrenta el momento que atraviesa el país y el mundo: el de la igualdad.

 

 

 

[1] La Organización Mundial de la Salud emplea desde hace tiempo el anglicismo infodemic para referirse a un exceso de información acerca de un tema, mucha de la cual es falsa o son rumores que dificultan que las personas encuentren fuentes y orientación fiables cuando lo necesiten.

[2] López, María Pía es socióloga ensayista, investigadora y docente en la Universidad de Buenos Aires. Es, además de colaboradora habitual de Página/12 y coeditora de la revista El ojo mocho, miembro de Carta Abierta y titular del Museo del Libro y de la Lengua, dependiente de la Biblioteca Nacional.

[3] Laclau, Ernesto. Argentina: anotaciones preliminares sobre los umbrales de la política en Rev. Debates y combates. N° 5 . Año 3. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2013, 9-18.

[4] Rinesi, Eduardo. De la democracia a la democratización: Notas para una agenda de discusión filosófica-política sobre los cambios en la Argentina actual. A tres décadas de 1983. En Rev. Debates y combates. N° 5. Año 3. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2013, 19-41.

[5] Bourdieu, Pierre. Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción. Barcelona: Anagrama, 2007.

[6] García Linera. El Estado en transición. Bloque de poder y punto de bifurcación. Biblioteca Virtual CLACSO. bibliotecacalcso.edu.ar, 2008.

[7] Segato Laura Rita. La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en ciudad Juárez. Territorio, Soberanía y crímenes de Segundo Estado. Buenos Aires: Editorial Tinta Limón, 2013.

 


María Marta Luján
Doctora en Letras, Docente e Investigadora de la UNT. Docente de la Sede Regional Tartagal de la UNSa. Se dedica a investigar las relaciones entre campo intelectual, poder y sociedad.

Imagen de tapa | Sebastián ROSSO, Paisaje de la F. Imagen de archivo intervenida digitalmente. Medidas variables. 2014

 

 



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