INCENDIANDO BOSQUES, BROTANDO LUCHAS

INCENDIANDO BOSQUES, BROTANDO LUCHAS

INCENDIANDO BOSQUES, BROTANDO LUCHAS:
REVERDECIENDO COLECTIVAMENTE TRAS LOS INCENDIOS DEL CAPITAL

Por Joaquín Ulises Deon

 

Triste aporte al ecocidio es la idea de “limpiar un lote”. Pues ya queda menos del 10% de bosques naturales en todo el país.

Sí, “limpieza”; así se llama a esta práctica de quitar la “suciedad” como acepción a desmontar, sacar el monte.

Violento accionar patriarcal-colonialista y del capital, es el tomar a la tierra como la hoja en blanco donde el signo del dinero se puede dibujar. Sí, efectivamente, dibujar con monocultivos de edificios, de especulaciones inmobiliarias, con soja, caña de azúcar, títulos de fideicomisos, dólares, inversiones ganaderas o máquinas megamineras.

Incendio en proximidades de Charbonier-Capilla del Monte, Córdoba, año 2020. Gentileza: Asambles Vecinxs Unidxs por el Monte.

Así arrancan los fuegos, de un acto de limpieza que busca borrar las formas de vida, los saberes a ella relacionados, las personas en comunidades a éstos hermanados. En este borrón y cuenta nueva ya no se usa al fuego como herramienta de manejo de la tierra, sino que se usa a los incendios en el Gran Chaco, el Litoral-Delta y el Espinal como maquinaria destructivista para activar el uso extractivista de la tierra de miles de hectáreas con una combustión intencionada.

En Argentina, desde enero hasta noviembre de 2020, se registraron unas 1.255.000 hectáreas incendiadas [1]. 410.000 hectáreas sólo en Córdoba, 350.000 en el litoral (islas y márgenes del Paraná), y las restantes en el Chaco, Formosa, Catamarca, San Luis, Santiago del Estero y Tucumán.

Estos humos, antes bosques, no son el granito de arena, sino las topadoras y camionadas de aportes que Argentina sumó a la emergencia climática global en 2020. Efectivamente, lo local debe ser interpretado en clave global también cuando se está sumando desmonte, incendios y aportes de miles de toneladas de cenizas y gases de efecto invernadero a la atmósfera. Tras ello nuevas tierras para el agro y suelos desertificados quedan aportando riesgos, catástrofes y vulnerabilidades en el contexto de dicha emergencia climática global.

Mapa de Incendios en el área serrana central de la Provincia de Córdoba. Fuente: Grupo Técnico Asamblea Paravachasca.

Entonces, si eso pasa con el aire y la tierra, ¿qué pasará con el agua? Lo que se ha incendiado solo en la provincia de Córdoba son entre el 40 y 60% de la superficie de las cuencas serranas. Aquellas que abastecen de agua a más de 3.000.000 de habitantes.

Los incendios, al dañar las cuencas, impactan directamente en los cuerpos de agua produciendo mayor sedimentación, materia orgánica muerta en suspensión en los ríos y lagos y, consecuentemente, la pérdida de vida en ellos, junto a la cada vez más dificultosa tarea de potabilizar el agua.

La región de Sierras Chicas, varias localidades de Punilla y de las Sierras del Sur (Alpa Corral y las Albahacas) han visto por semanas resentidos los servicios de agua potable por la imposibilidad de potabilización del agua cruda proveniente de las cuencas incendiadas.

Unas 750.000 personas han vivido entre dos y nueve días sin agua corriente potable tras los incendios sucedidos entre los meses de agosto y noviembre de 2020.

Esto no es nuevo, el estudio realizado por Argañaraz y colaboradores (2017), comprendiendo el periodo 1997-2017, dio a conocer que se incendiaron 700.000 hectáreas en las cuencas medias, altas y bajas de las sierras Córdoba. Ha habido territorios que vivieron hasta ocho incendios en una década. La región de Sierras Chicas, que vive una gran presión inmobiliaria y megaminera de canteras, junto a los valles de Punilla han sido las más incendiadas.

Sí, decimos que han sido las más incendiadas porque de los últimos 30 incendios forestales de la provincia en sólo dos se pudo comprobar que fueron provocados por descargas eléctricas naturales (rayos) sobre suelos que no recibieron precipitaciones en más de 10 meses. Los restantes 28 incendios fueron focos intencionales, seis de ellos con detenidos.

Claramente los incendios son intencionales. Pero ¿cómo se incendia el bosque Chaqueño, el Espinal, el Chaco Serrano, el Monte?

Con la fija idea de limpiar.

Se poda, tala o desmonta, se hacen picadas perimetrales a los campos o inmuebles en áreas de interfaz urbana-rural, se apila lo podado, se espera unos días a que se seque y después fósforo o encendedor amigo, un toque de nafta y ¡voilá! ¡Qué toda arda!

Y sí, total el agua viene del cielo, o sobra en los grandes ríos como el Paraná, desde donde Córdoba prevé abastecer a un 70% del consumo total provincial con el Canal Santa Fe – Córdoba que ya se construye entre la toma que se ubica en Coronda y la capital cordobesa.

Los incendios son cada vez mayores, las bajas disponibilidades de agua (Chiavassa et al. 2019) también.

Es que si en esta provincia el agua escasea no es porque falte por la famosa sequía o la idea patriarcal, que es efecto del fenómeno climático “La Niña”. Sino que, si el agua falta es porque las cuencas están siendo acaparadas cada vez en menos manos de cada vez más poderosos grupos empresarios del agronegocio (que desplazan su ganadería a las sierras), del negocio inmobiliario y de la mega minería de canteras (Deon 2020). Así estos espacios naturales se constituyen en verdaderos territorios-cuenca donde la baja disponibilidad de agua está dada por la construcción de micro embalses y lagunas de retención en campos privados a los fines de abastecer a barrios cerrados, lounge de pesca, complejos de cabañas, canchas de golf o barrientos circuitos de enduro, cuatriciclos y motocross. Cuando no son cráteres mineros donde tras el cierre de la mina se proyectan establecimientos vitivinícolas, complejos de restaurantes o barrios cerrados con laguna propia, violando así también el código civil nacional y el de aguas provinciales, que prohíben cerrar el paso a lagunas emergentes de procesos mineros o formaciones naturales.

Claro está entonces que es inevitable el crisparse, enojarse, auto-organizarse y luchar colectivamente desde ciudadanías y vecindades cordobesas cada vez más afectadas por los despojos que tienen a los incendios como maquinaria destructivista. Menos llamativo aún, es ver las enormes marchas que cortan el puente Rosario-Victoria ante la bajante histórica del Paraná y sus bosques que son hechos humo por ganaderos y especuladores inmobiliarios.

“Acá se protege el monte”, intervención artística visibilizando la flora, fauna y comunidades perjudicadas por los incendios. En la foto, intervención en cuartel de bomberos La Granja, Sierras Chicas, Córdoba. Por esta intervención fueron allanadas viviendas de docentes y artistas de Agua de Oro y Cerro Azul por la denuncia realizada por el intendente desarrollista Orlando Belli. Gentileza: Asamblea Vecinxs Unidxs por el Monte.

El Gran Chaco, y particularmente el Chaco Serrano, los bosques y deltas del Paraná y también el Espinal, como Ecoregiones Sudamericanas, han vivido múltiples rupturas de la relación sociedad – naturaleza a manos del “power trío” patriarcado-colonialismo-capitalismo. Sólo por destacar tres de estas desecologizaciones, como las llama Eduardo Rosensvaig (1996):

  • Primero se vivieron los despojos, esclavizaciones y reducciones colonialistas españolas y jesuitas sobre pueblos originarios en aras de la ocupación y explotación de sus territorios y cuerpos. Ello generó un primer epistemicidio, etnicidio y ruptura de las relaciones que las comunidades mantenían con la naturaleza.
  • Segundo, el proceso modernista tecnológico que subsume a poblaciones enteras a la venta (casi esclava) de su mano de obra para hacer andar los ferrocarriles, crear sus infraestructuras y producir con todo lo que pudiera extraerse para abastecer a la Europa de las guerras imperiales y mundiales. Aquí ya no emergió un colonialismo netamente transnacional, sino que las lógicas colonialistas internas forjaron elites expoliatorias de lo común, que se sumaron a la avanzada depredatoria y terricida del capitalismo mercantil europeo del primer periodo. Tanto en este periodo como en el anterior los incendios han sido la herramienta y maquinaria que permitía limpiar de vida los bosques para priorizar las dos vidas del capital: el acaparar-poner a producir la tierra-explotar a las personas (como actos conjuntos) y el monocultivar-explotar el suelo hasta agotarlo (con caña de azúcar, tabaco, algodón, soja, maíz, trigo, ganado vacuno, extractivismo minero, etc.). Autores como Rosensvaig (1996), Galarza Balbuena (2018), Maradona (1955 y 1984) y otros, destacan el rol central que tuvo el obligar a las comunidades originarias a abandonar el sistema de quema o de respeto al fuego sin utilizarlo para “limpiar el monte” (porque algunas comunidades vivían directamente de los frutos del monte y de la cocción de alimentos cárnicos no ganaderos). Destacan esto porque tanto en el periodo de conquista europeo como en el de la campaña del desierto (que además de criollo también fue europeo-modernista) se usaron los incendios para someter a las personas y territorios a un sistema incendiario donde se obligaba a hombres y mujeres a quemarlo todo, su casa, sus hogares y su hábitat. Así se construía también la desecologización, con incendios descomunales.
  • En tercer lugar, se habita y se ha querenciado en muchas personas con subjetividades capitalísticas (Guattari 1982) prácticas depredatorias de lo común que aún hoy continúan generando grandes ingresos a grupos cada vez más concentrados de poder capitalista, en muchos casos usando el fuego. Ahora la rentabilidad está dada por los nuevos grandes impactos ambientales que se generen destruyendo los ecosistemas que siguen cursando resiliencias de impactos destructivo-extractivistas de las desecologizaciones anteriores.

Así donde hubo desmontes e incendios hoy se planifica megaminería de canteras, ganadería o cría de cerdos a megaescalas. Y en los campos donde estas actividades ya no dan para más porque los suelos, el agua y bosques ya están destruidísimos, se proyectan, después de estos extractivismos, grandes complejos de golf, barrios cerrados, loteos con seguridad privada, parques temáticos, salones de arte o de fiestas privados, cotos de caza con hoteles para cazadores de “palomas (y cualquier otro animal que se cruce)”, espacios del capital siempre esquivos de la ley, ocultos y ocultados ante controles estatales, verdaderos territorios del patriarcado.

Los incendios abren todos esos caminos para las dos vidas del sistema-mundo actual: la vida de la reproducción del capital mediante su diversificación en fideicomisos o empresas fantasmas y la vida del negocio sobre los despojos múltiples.

Efectivamente los incendios han estado en todas y cada una de las destrucciones generadas por este trío de poder, sea transnacional, nacional o local. Ha estado a través de grandes inmobiliarias, megamineras, empresas del agronegocio y gobernantes o agentes estatales afines.

Por ello no es menor destacar que todos los incendios se dieron en territorios donde se proyecta minería, avance ganadero e inmobiliario.

En Córdoba, una provincia superextractivista, gracias al CEMINCOR (Cámara de Empresarios Mineros de Córdoba), la explotación minera se puede realizar aún en zonas rojas y amarillas donde no está prohibido por la Ley 9.814 de ordenamiento territorial de bosques nativos -OTBN- y sí por la Ley Nacional 26.331. Son esos territorios los que se han incendiado en 2020.

Pero además de esto, con la ley de buenas prácticas agropecuarias se pueden conseguir exenciones impositivas por poseer ganado y hacer agricultura con un poquito menos de agrotóxicos que antes en áreas con bosques nativos donde no se podría realizar esta práctica a gran escala porque pone en riesgo los escasos bosques nativos existentes y la vida de las comunidades locales.

Finalmente, en todos los territorios donde está prohibido cambiar el uso del suelo tras incendios o directamente donde no se pueden instalar la minería y la ganadería se están generando chacrarizaciones (divisiones de campos en campos menores con fines turísticos), loteos, complejos de cabañas y desmontes para barrios cerrados con vista a los cráteres mineros o lagunas de retención amparados en el art. 14 de la Ley Provincial 9.814 que terminan permitiendo que obras de interés público como las lagunas de retención para evitar inundaciones en las cuencas bajas -donde están los centros urbanos-, sean la excusa para avanzar con desmontes y cambios en el uso del suelo a manos de desarrollos inmobiliarios.

 

COMUNIDADES RESISTIENDO Y RE-EXISTIENDO, CONTRA Y MÁS ALLÁ DE LOS NEGOCIOS DESARROLLISTAS

Marcha contra la política incendiaria y desarrollista del gobierno de la Provincia de Córdoba, ciudad de Córdoba, 29 de agosto de 2020. Gentileza: Asambleas Vecinxs Unidxs por el Monte.

Los incendios son reverdecer, y encuentro. Mucho muere, otro tanto se regenera.

Mueren múltiples formas de vida, como plantea Raúl Montenegro (2020), virus y bacterias, insectos, polinizadores, mamíferos, reptiles, aves y múltiples especies de flora nativa.

Pero también renacen, al igual que se potencian las luchas en defensa de lo común.

Los cuerpos de brigadistas, al igual que los de bomberos voluntarios que nacieron tras los incendios de la década de 1990, hoy son espacios que están forjando articulaciones entre ciudadanos que participaron en el combate de los incendios y que ya se piensan de manera activa previniendo y accionando territorialmente para que no vuelvan a suceder.

 

Brigadistas combatiendo incendios en la cuenca alta del Arroyo Malpaso y Los Quebrachitos, área rural serrana de Río Ceballos, año 2020. Fuente: Revista La Unión Regional

En estos espacios los colectivos feministas han tomado la bandera junto a compañeras y compañeros de asambleas en defensa del bosque nativo, de las áreas de conservación de cuencas hídricas, vecinas y vecinos de comunas y municipios de todo Córdoba. Docentes, investigadores y escritores han preparado contenidos para estudiantes de todos los niveles. Cuarteles de bomberos han forjado discursividades más críticas de su propio accionar y contra los agentes Estatales que siguen forjando un Plan de manejo del fuego que manipula los incendios como le place, a los fines de beneficiar impactos que sigan forjando despojos.

 

Movilización en la ciudad de Córdoba contra los incendios. Octubre de 2020. Gentileza Red Ecosocialista.

Tras los incendios las lluvias, el agua contaminada con cenizas y hollín. Y tras la falta de agua o las inundaciones y nuevos incendios donde no llovió: las demandas judiciales desde asambleas ciudadanas, cayeron como la lluvia esperada.

La pandemia, que parecía mostrar en fotos y videos que la naturaleza volvía a la ciudad, sólo permitía que los autorizados a extraer del ambiente todo sin dejar nada usaran los incendios, como antes y como siempre, para hacer urgente el extractivismo.

Pero también las calles de Villa Allende, de Córdoba, de Cosquín, de Alpa Corral, de Alta Gracia, de Capilla del Monte y de cientos de pueblos y ciudades de la provincia de Córdoba, Santa Fe y el país se poblaron de marchas de decenas de miles de personas manifestándose vestidas de aves, virus, bacterias, árboles nativos y miles de animales que, al igual que en 2016 y 2017, volvieron a decir somos el monte que marcha. Se lo volvió a decir porque es lo que se viene mostrando que se puede hacer con la bioconstrucción, las mingas, la biodinámica, la agroecología, las ferias autónomas y agroecológicas, las colectivas ecofeministas, los ordenamientos territoriales participativos y comunitarios, las prohibiciones a las fumigaciones con agrotóxicos, el habitar responsablemente con los ecosistemas.

Movilización en Sierras Chicas contra los incendios y en defensa del bosque y agua. 29 de agosto de 2020. Tomada de Facebook Asamblea de vecinos del Chavascate.

Y el gobierno provincial, bien gracias. Ante los incendios sólo propone reforestar donde ya sabemos que aún no es bueno ni pisar.

Porque, al fin y al cabo, si se lo deja el monte vuelve solo.

Si lo dejan, no como propone el estado provincial de Córdoba que planea acelerar audiencias públicas para loteos, mineras y circuitos de motocross en territorios incendiados.

Los despojos de los que tanto se habló aquí son hoy una duda central para seguir de pie, marchando, luchando, haciendo investigación militante, preguntándonos: ¿Permitiremos una nueva desecologización? ¿Cómo ampliaremos la lucha y revertiremos los impactos de esta ruptura que el capital pretende construir en la relación sociedad-naturaleza?

Central es el aporte a la respuesta que nos da María Marta Luján en ediciones anteriores de Sin Miga (2020):

“Las reflexiones sobre la coyuntura de pandemia tienen –creo- que ir más allá, o más bien más acá- de los discursos más sistemáticos, más estructurados y más audibles. En efecto, se deben discutir el funcionamiento material de las instituciones, el Estado como escenario de luchas, las prácticas de los gobiernos y su articulación con la vida colectiva. Considero, en fin, que una “investigación militante” (Segato 2018, 2020) debe centrar el análisis en el tema fundamental al que nos enfrenta el momento que atraviesa el país y el mundo: el de la igualdad.” (Luján 2020).

 

 

Notas

[1] Según datos provistos por el Sistema Federal de Manejo del Fuego los ministerios y secretarías de ambiente de cada provincia y de nación hasta el 26 de noviembre de 2020. De acuerdo al Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, la cantidad de incendios producidos en la Argentina en 2020 (69632, al 20 de octubre de 2020) superando a los del año 2003 (en que hubo 69317 focos).


Bibliografía

  • Argañaraz, J. P., Radeloff, V. C., Massada, A., Gavier, Pizarro, G. I., Scavuzzo, C. M., & Bellis, L. M. (2017). Assessing wildfire exposure in the wildland-urban interface area of the mountains of central Argentina. Journal of environmental management, 196: 499-510.
  • Chiavassa, S.; Deon, J.; & Ensabella, B. (2019). Desarrollismo urbano y conflictividades serranas: trabajos colectivos para el ordenamiento territorial comunitario y participativo desde abajo. XXI Jornadas de Geografía de la UNLP, 9 al 11 de octubre de 2019, Ensenada, Argentina. Construyendo una Geografía Crítica y Transformadora: En defensa de la Ciencia y la Universidad Pública. EN: Actas. Ensenada: Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.13522/ev.13522.pdf
  • Deon, J. U. (2020). Donde hubo incendios negocios quedan. Desmontes, despojos y acaparamientos inmobiliarios, megamineros de canteras y del agronegocio en las Sierras Pampeanas, Argentina. Naturaleza de derechos, Pospandemia, 2: 45-76.
  • Galarza Balbuena, A. (2018). Colonialidad y resistencia en los territorios del Gran Chaco. Tierra del Sur. Chaco.
  • Luján M.M. (2020). Covid-19 y los umbrales de lo político. SIN MIGA. Disponible en: http://sinmiga.com/2020/04/07/covid-19-y-los-umbrales-de-lo-politico/
  • Maradona, E.L. (1955). Recuerdos Campesinos. Estanislao del Campo. Rosario.
  • Maradona, E.L. (1984). Historia de la ganadería argentina. Buenos Aires
  • Montenegro, R. (2020). Nunca hubo tanta pérdida de biodiversidad. Carta abierta publicada en Página 12. Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/301049-nunca-hubo-tanta-perdida-de-biodiversidad.
  • Rosenzvaig, E. (1996). Etnias y árboles: historia del universo ecológico Gran Chaco. La Habana: Casa de las Américas.
  • Segato R. L. (2020). La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en ciudad Juárez. Territorio, Soberanía y crímenes de Segundo Estado. Buenos Aires: Editorial Tinta Limón.
  • Segato, R. L. (2018). La guerra contra las mujeres. Política y Sociedad, 55(2): 639-643.

Joaquín Ulises Deon
Lic. Geografía (FFyH-UNC). Profesor Adscripto Seminario Organización Territorial Rural, Departamento de Geografía, FFyH- Universidad Nacional de Córdoba. Miembro de la Coordinadora Ambiental y de Derechos Humanos Sierras Chicas. Becario CONICET-CIECS-UNC. Doctorando en Estudios Urbano – Regionales. Bauhaus-Universität-Weimar -FAUD-FFyH-UNC. Doctorando en Estudios Sociales Agrarios CEA-UNC. Profesor de Geografía nivel medio.

 

 



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