¿UNA NUEVA EDUCACIÓN PARA LOS TIEMPOS DE LAS FAKE NEWS?

¿UNA NUEVA EDUCACIÓN PARA LOS TIEMPOS DE LAS FAKE NEWS?

UNA NUEVA EDUCACIÓN PARA LOS TIEMPOS DE LAS FAKE NEWS?

(o un Hijo Falso para derrotar a Evo)

Por Alejandra Korstanje

 

Reconozcámoslo. Estamos atónitos. No terminamos de entender qué pasa. ¿Cómo se pueden inventar y consumir tantas noticias falsas, titulares capciosos con noticias de otro tenor, memes, mensajes, tweets e información basura, cada día, en nuestros propios celulares y computadoras? Y cuando llega la noticia que desmiente, es demasiado tarde, el daño ya está hecho.

En algunos grupos nos cuidamos y, antes de “viralizar” algo, nos preguntamos ¿lo chequeaste? Nos enojamos con quienes no lo hacen, pero también sabemos que hay noticias verdaderas que los grandes medios se ocupan de invisibilizar, y por lo tanto, tratar de chequearlas es una odisea y a veces es parte de la trampa mediática.

Lo que sigue es el análisis de un caso, a partir de un estudio que tuve que hacer para un curso virtual[1]. Ya la virtualidad de un curso fue un desafío para mí, docente y estudiante de la universidad pública, acostumbrada al “cara a cara” con clases presenciales, debates, seminarios en grupo, etc. Pero a esa harina la dejamos en otro costal, por ahora.

Me centraré en la falsa noticia sobre un supuesto hijo de Evo Morales (2016) porque, dadas las recientes circunstancias trágicas en la historia boliviana, este hecho -si bien no es la única mentira a la que estuvo sujeto el gobierno de Evo por parte de la prensa[2]-, es visto por la misma dirigencia del MAS como la marca sucia de un antes y un después en la institucionalidad de ese país.

La existencia de hijos ocultos, con quienes manipular y extorsionar a padres casados y desprevenidos, o para realizar “amarres” no deseados, ha sido un argumento por antonomasia en las telenovelas latinoamericanas. Millones de mujeres y hombres de sectores populares y clases sociales más elevadas han consumido, llorado y tomado partido ante tamañas injusticias en los culebrones durante décadas. No es de extrañar que se haya elegido un argumento como éste para desprestigiar a un mandatario, socavando su reputación entre sus propias bases. Y, si bien la llegada de la técnica del ADN habrá hecho cambiar los libretos, las consecuencias de una falsa noticia duran más que la verificación de su falsedad.

Este caso es, entonces, doblemente interesante: por un lado, muestra las posibles y enormes consecuencias políticas del manejo de noticias falsas en noticieros y redes y, por otro, muestra cómo se eligen los segmentos culturales que afectan el sentido común de la moral de un pueblo; con el agregado de noticias económicas (tráfico de influencias = corrupción) que abonan la lógica de otros sectores de ese mismo pueblo.

 

¿Cómo se construye una noticia falsa (fake news) y cómo se la descompone? (o “los tiempos sí importan”)

La polémica sobre el supuesto hijo comenzó en febrero de 2016, cuando el periodista boliviano Carlos Valverde[3] reveló que Evo Morales y la empresaria Gabriela Zapata habían tenido una relación en 2007, de la que nació un niño reconocido legalmente por el presidente. La denuncia apuntaba a un supuesto tráfico de influencias en favor de la empresa china en la que Zapata trabajaba por entonces, para beneficiarla con contratos estatales millonarios. Pero también se apuntó al ocultamiento de ese hijo extramatrimonial por parte de Evo y su descuido como padre; se lo acusó, así, de ser un padre ausente.

La noticia fue lanzada y corrió como reguero de pólvora, poco antes del referéndum que buscaba determinar si Morales podría postularse para un nuevo mandato. En la trama del complot se denunció también el involucramiento de periodistas de CNN[4], cadena norteamericana conocida por su oposición al presidente Morales.

Economía, corrupción y moralina, un cóctel explosivo para las redes y la curiosidad morbosa. Pocos días después, el 21 de febrero, se llevaba a cabo el referéndum constitucional de Bolivia, con resultados negativos para la pretensión de un nuevo mandato de Morales.

Ante el inicio de las investigaciones y contradenuncias, y apenas algunas semanas después de los comicios, Valverde admitió que la denuncia era falsa (lo consideró un “error”), y aseguró que el niño imputado al Presidente no existía, aunque sostuvo su denuncia por tráfico de influencias. Además, se constató que en el juicio por la supuesta violencia psicológica contra el presunto hijo de Zapata y Morales, habrían presentado a otro menor de edad, hijo de una tía de Zapata. Según la Fiscalía, a cambio de “prestar” al niño, Zapata entregó a sus padres cinco mil dólares, la promesa de encargarse de su educación hasta finalizar la secundaria, y un terreno apto para sembrar.

A su vez, para sumar condimentos a la historia, esta ex pareja de Morales involucrada en el escándalo, Gabriela Zapata Montaño, se encontraba ya bajo prisión preventiva en el penal de Miraflores de La Paz, imputada por enriquecimiento ilícito y otros delitos cometidos contra el Estado boliviano a través de la firma que representaba.

En mayo del mismo año, luego de una investigación con testimonios, pruebas y contrapruebas, el procurador general de Bolivia, Héctor Arce, señaló que la justicia determinó que no existía el supuesto hijo del presidente Evo Morales. Tampoco existía un registro del menor en una unidad educativa ni una afiliación en el Servicio de Identificación Personal. “No ha habido un niño para comprobar si hay o no hay violencia”, dijo el procurador boliviano. Y añadió que Zapata se negó a realizarse una prueba de ADN con el menor y que existieron otras contradicciones y mentiras en el caso, con el objeto de dañar la imagen de Morales (que sí estuvo dispuesto a hacerse el análisis desde el primer momento).

Paralelamente, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, salió a denunciar los vínculos de los familiares de Gabriela Zapata con los líderes de la oposición. “Estamos aquí demostrando toda una articulación política para atacar al presidente Evo (Morales) utilizando el tema de la señora (Gabriela) Zapata”, afirmó en los medios locales, a la vez que mostró en una rueda de prensa las fotografías de los hermanos de Zapata en compañía de los legisladores opositores.

García Linera sostuvo además que la denuncia del tráfico de influencias “es falsa, se derrumba y es inconsistente” pero que, para mantener el ataque al jefe de Estado, “ahora recurren al expediente del hijo”. Denunció, finalmente, que el objetivo principal era dañar la imagen del presidente Morales[5].

 

La repercusión de la noticia en los resultados del referéndum

El referéndum constitucional de Bolivia de 2016 tenía por objetivo la aprobación o rechazo del proyecto de modificación parcial de la Constitución, que permitiría que el Presidente Evo Morales y el Vicepresidente Álvaro García Linera, del Movimiento al Socialismo (MAS), pudieran ser candidatos en las elecciones presidenciales que se celebrarían en 2019. El “No” ganó con un total de 51% de los votos, mientras el “Sí” obtuvo el 49% de votos restantes.

Una encuesta publicada por el diario El Deber[6] revelaba el desgaste de la imagen del presidente Evo Morales tras conocerse la supuesta existencia de un hijo con la empresaria detenida por tráfico de influencias. El estudio realizado estableció que la aprobación de la gestión del mandatario bajó de 76% a 55% entre noviembre de 2015 y la semana anterior. La encuesta, en la que fueron consultadas 1.107 personas, reflejó también que el rechazo hacia Morales creció 18 puntos.

También se consultó a la población si creía que Evo Morales decía la verdad cuando hablaba sobre su relación con Zapata y su hijo; ante esto, el 64% de los consultados consideró que el presidente mentía, frente al 18% que respaldaba su versión.

Esta situación es clave para entender el golpe de Estado perpetrado contra el gobierno constitucional de Bolivia después de la reciente elección de octubre pasado (2019).

 

El rol de las redes sociales en la amplificación de la noticia falsa y la generación de odio, prejuicios y agresiones verbales

Evo Morales acusó a la oposición de su país de usar las redes sociales para ensuciar su integridad y planteó la posibilidad de debatir el papel de las mismas en su país, porque éstas son el arma favorita de la oposición en América Latina para “tumbar gobiernos”[7]. Según voceros del Gobierno boliviano, la oposición de ese país se valió de Facebook y Twitter para promover el rechazo de la modificación parcial de la Constitución, que les hubiese permitido a Morales y al vicepresidente Álvaro García Linera postularse a otro mandato de cinco años (2020-2025).

A su vez, en junio de 2016, Carlos Valverde – quién saltó a la fama por denunciar el supuesto hijo de Evo Morales-, llegó a la Argentina tras salir de Bolivia envuelto en un escándalo. En su cuenta de Facebook anunció que venía para dar una serie de entrevistas a fin de que “la gente sepa lo que está pasando” en Bolivia, luego de declararse “en la clandestinidad” presuntamente por temor a represalias del gobierno de Evo Morales.

Cualquiera que entre a las redes sociales buscando esta noticia podrá ver que sólo unos pocos ejemplos bastan, a título ilustrativo, para observar la violencia verbal, el termómetro social y la percepción de la construcción de la falsa noticia.

La virulencia contra Evo Morales es especialmente radical en Bolivia, donde a los intereses políticos y económicos se suman antiguas disputas de clase y etnicidad.

Como este tema es preocupante para las democracias en general, hay estudios que analizan cómo los grupos de opinión/amigos/seguidores, que se van armando en las diferentes redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, etc., en adelante denominadas “la Red“) tienden a leer las mismas noticias y, en ese sentido, generan un solo tipo de opinión pública por sectores, o “burbujas de información” -sean falsas o no-, pero además originan redes de confianza, de un sentido común compartido (Fernández García 2017, De Charras y Galup 2018). De ese modo, la exposición a un limitado contenido informativo hace que la gente crea que sus ideas se alinean con la visión dominante. Se lo sintetiza diciendo que dos vecinos de casas colindantes pueden vivir en dos países diferentes[8] (Magnani 2017).

Aunque en el caso de Evo la información falsa no partió de la Red, sino de una denuncia periodística avalada por CNN y un periodista local, la Red ayudó a viralizarla y fue amplificada por las llamadas “cámaras de resonancia”, en las que “la información, las ideas o creencias son amplificadas por transmisión y repetición en un sistema cerrado donde las visiones diferentes o alternativas se descartan o se representan de forma minoritaria” (Fernández García 2017: 68).

El caso del falso hijo de Evo podría ser enmarcado como un caso de “postverdad”, definida como las circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que las referencias a emociones y a creencias personales. “Es decir, se trata de una falsedad que continúa siendo aceptada aun a sabiendas de que es una falsedad, lo que no impide tomar decisiones basándose en ella” (Fernández García 2017: 67). Recientes estudios señalan “que las redes sociales ayudan a que las teorías conspirativas persistan y crezcan en el espacio virtual, al crear un ecosistema en el que la verdad de la información deja de importar. Lo que importa es si la información se adapta a una cierta narrativa. De esta forma, resulta difícil construir una esfera pública compartida y el comportamiento político se vuelve impredecible”. (Fernández García 2017: 70)

Si bien desde los estudios de sociología de la comunicación se insiste en que estas prácticas no son nuevas, lo que sí ha cambiado es la velocidad y alcance de estas noticias. El contenido –en muchas ocasiones sensacionalista– de las noticias falsas se propaga más rápidamente que una noticia real. Además, como explica Magnani, la Red reúne cotidianamente grandes cantidades de datos o big data (como se los suele llamar) de sus usuarios: intereses, lugares a donde van, redes de amigos, horarios de conexión, instituciones a las que pertenecen y mucho (pero mucho) más. Con esta información, crea perfiles que permiten ubicar las publicidades de una manera selectiva. Y lo que vale para la publicidad, vale también para publicitar ideas políticas o campañas de defenestración de candidatos políticos -que no es lo mismo, pero es igual-. Sin embargo, el mismo autor aclara: “Por supuesto, el peso de este tipo de campañas es relativo y afecta a aquellos que se informan principalmente mediante las redes, pero es uno de los primeros síntomas del peso creciente de las redes sociales en la construcción del imaginario social y la búsqueda de controlar también estos espacios. En este caso, las redes sociales no se utilizaron solo para medir el pulso de la sociedad, sino también para operar sobre ella y favorecer ciertas lecturas. Es difícil saber hasta qué punto lo logran, pero seguramente sus acciones no son inocuas”. (Magnani 2017: 54)

 

Una nueva educación es necesaria para no negociar nuestra libertad

Libertad de expresión” sí, siempre, pero… ¿con falsas noticias? ¿Cuál es el límite y quien lo pone? García Linera denunció que el objetivo principal fue dañar la imagen del presidente Morales. El abogado los acusó de alteración y sustitución de estado civil, trata y tráfico de personas, sustracción de un menor, falsedad material y falsedad ideológica, además del uso de un instrumento falsificado. Pero, por otro lado, está el derecho a la libertad de expresión, a confundirse, a equivocarse, y cercenar esos derechos podría llevarnos a un estado totalitario cuando el gobierno lo quisiera. Entonces, ¿qué soluciones podemos pensar para un tema que puede ser tan clave como el de torcer elecciones o “tumbar gobiernos” en palabras del mismo Evo Morales?

Las democracias están en peligro. No sólo las periféricas y débiles como las nuestras (caso Bolivia y Brasil), sino las de países centrales (tal como ha sido demostrado en la campaña del Brexit en el Reino Unido y de Trump en los Estados Unidos de Norte América).

Habría quizás, al menos, dos posibles caminos, seguramente necesarios, urgentes y convergentes en sus objetivos:

  1. Plantear la discusión en base a las alternativas legales, sabiendo que estará presente este fino debate de los límites entre lo público y lo privado, lo prohibido y lo libre. Una vía propuesta es la inclusión del derecho a la información (verosímil) como un derecho humano. Pero esto no es fácil: “La retahíla de cuestionamientos pone en debate muchos aspectos vinculados a la libertad de expresión, los derechos humanos, la labor de los y las periodistas, las reglas constitucionales, la soft law, las jurisprudencias y varios etcéteras. Hemos de asumir entonces que todavía no tenemos siquiera todas las preguntas. Menos aún las respuestas” (Loreti y De Charras 2019:1)“. En (…) el ámbito del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión aprobada en octubre de 2000 establece que “condicionamientos previos, tales como veracidad, oportunidad o imparcialidad por parte de los Estados son incompatibles con el derecho a la libertad de expresión reconocido en los instrumentos internacionales” (Loreti y De Charras 2019:2). A mi parecer, nutrida un poco de la bibliografía y otro poco de mi propia experiencia de vida, la legislación es todavía muy ambigua y toca muy de cerca en los filos de la censura, la libertad de expresión, etc., de acuerdo al grupo de opinión que nos representa. Las dificultades, además, están relacionadas a que, si no se coopera internacionalmente, las leyes pueden ser muy vagas en estos temas, ya que la información que fluye por las redes no tiene límites de nacionalidad, ni se genera en los perímetros de un estado nacional. En el caso de Evo, la respuesta clara y contundente fue la del litigio en tribunales de justicia locales, pero aun habiendo ganado y expuesto al mundo la operación en su contra, esa falacia inicial puede haber sido el inicio del decaimiento de su imagen pública. Yo no creo que haya sido lo único, pero, de hecho, habrá ayudado, o por lo menos así es percibido y mostrado en las encuestas (que son una porción de la realidad muy importante en la construcción de imaginarios sociales).
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  2. Una nueva educación que muestre y plantee el debate sobre medios como política pública de Estado. “De hecho, a raíz de las noticias falsas hay un renovado interés en desarrollar la alfabetización mediática. Si las nuevas generaciones obtienen su información de redes sociales y otros recursos en línea, deben aprender a decodificar lo que leen”. (Fernández García 2017: 75). Creo que, ante una nueva tecnología, que no es ni buena ni mala en sí, ya que eso depende del uso que se haga de ella – por ejemplo, puede llegar a otorgar un enorme poder a ciertas corporaciones sobre nuestra vida privada y sobre nuestras propias decisiones-, el Estado democrático debe velar por la educación en este aspecto también.El caso del falso hijo de Evo es una clara muestra de cómo sus mismos votantes no estaban preparados para recibir la falsa noticia con criterio. Personalmente, me preocupa mucho la llegada de Facebook y WhatsApp a zonas rurales que hasta aquí tenían poca comunicación. De golpe es un vendaval de noticias y falsas noticias que no creo que estén aún en condiciones de decodificar fácilmente.

 

La batalla cultural, más que la batalla legal, que llega demasiado tarde siempre, cuando los hechos ya están consumados, es la que nos puede proteger en este mundo que nos tiene atónitos y hasta atemorizados. Para mí, entonces, la lucha debe ir además por la deconstrucción de sentidos comunes, en formato sencillo pero fundamentado, como lo muestran las revistas digitales y podcasts formadores de opinión pública fundamentada en hechos y estudios serios en Argentina (El cohete a la luna, Anfibia, Sin Miga, etc.). No menos cierto es que hay que ser creativos en estas nuevas producciones que van a dirigidas a una educación del sentido común, formado en base a datos e información al menos verosímil, en tanto existe una pobreza de atención que se incrementa en relación inversamente proporcional a la cantidad inmensa de noticias y comentarios que recibimos diariamente (De Charras y Galup 2018).

Señala Barbero (2002) que “el lugar de la cultura en la sociedad cambia cuando la mediación tecnológica de la comunicación deja de ser meramente instrumental para espesarse, densificarse y convertirse en estructural”. Las tecnologías de la comunicación no funcionan como meros aparatos o un conjunto de técnicas, sino como modalidades significantes que imponen sus propias reglas, lógicas de producción y recepción de mensajes que no son el resultado de un conjunto de rasgos inherentes a la misma tecnología sino el producto de las apropiaciones y los usos culturales que tanto productores como receptores de los mensajes realizan a partir de ellos. En este sentido, cualquier forma de determinismo tecnológico que busque articularse con el campo popular resultaría un fracaso en cuanto simplificaría y enfrentaría de manera total los mundos de aquellas formas comunicativas asociadas a la alta cultura y la cultura académica con las formas comunicativas de lo popular (Beltrame et al 2019).

A la cibermilitancia troll se le puede oponer una cibermilitancia educativa, y esto en tanto la circulación incesante de información nos enfrenta a la situación de tener que discernir entre noticias exactas, inexactas, verdaderas o falsas (fake news) a riesgo de votar en contra de nuestros propios intereses en caso de no comprender cómo funcionan. Pero también porque “(…) la discusión de “falsedad” podría llevar a caminos sin salida y –no tan eventualmente, dadas las experiencias– son los más vulnerables y opositores quienes se han enfrentado a clausuras de sus cuentas por “falsedades” mientras los más poderosos han extremado sus discursos de odio, los que por ser “opiniones” están exentos de este albur.” (Observatorio de Comunicación y Derechos s/f: 11)

El mundo no se encuentra ante un desafío diferente: se encuentra ante un desafío no resuelto con anterioridad, que ha adquirido mayores dimensiones. Leyes, observatorios y educación deberían ser también veloces, virales y extendidos globalmente.

 

 

[1] CLACSO 2019. Sem 1953 – Comunicación, políticas públicas y derechos en tiempos de ‘fake news’

[2] https://www.lechuguinos.com/henrique-fernando-salas-foto-falsa-evo/?fbclid=IwAR0itAmL-GV4XOym7zvAn235PJa_Xjj_H8grMg0XcPY8Obad_M9GgLtZHKY (visitado el 14/12/19)

[3] El mismo es conocido además por haber sido el Jefe de Inteligencia del gobierno de Jaime Paz Zamora en Bolivia entre los años 1989 y 1993. Además, se lo acusa de poseer vínculos con el narcotráfico y de protagonizar diversos escándalos políticos.

[4] http://pajarorojo.com.ar/?p=26189&fbclid=IwAR2AFunfCSmjE5tLItKiXn4b97X2MOJAyb_ufZfuDYKDEhtQbavALLgSzuE (visitado el 12/12/19)

[5] https://www.telesurtv.net/news/Bolivia-revelan-vinculos-de-Gabriela-Zapata-con-oposicion-20160229-0040.html

[6] https://es.panampost.com/sabrina-martin/2016/03/22/imagen-de-evo-se-destruye-tras-el-misterio-de-su-hijo/ (visitado el 10/12/19)

[7] “Tal vez en el futuro va a ser importante debatir este asunto de las redes sociales, en algunos países con mala información tumban gobiernos, perjudican a su país si hay confrontación”, dijo Morales en una rueda de prensa posterior al referéndum.

[8] Esto se ha visto mucho en Argentina no sólo en referencia a la mal denominada “grieta”, sino en los discursos de los presidentes recientemente salientes y entrantes. En otro momento, el sustrato social no hubiera permitido que se generen esas dos miradas dicotómicas (casi esquizofrénicas, en ese sentido) de una misma realidad que tiene claramente números y datos duros para ser sostenida o rechazada.


BIBLIOGRAFÍA CITADA:

  • Martín Barbero, J. 2002. Tecnicidades, identidades y alteridades_ des-ubicaciones y opacidades de la comunicación en el nuevo siglo. Revista Diálogos de la Comunicación, Méjico.
  • Beltrame, C., Korstanje, A., Salazar, H. y Storni, P. 2019. Mediaciones Y Tensiones Entre Cultura Popular Y Cultura Académica. El caso de la revista digital SIN MIGA. En resúmenes del Congreso Internacional Educación y Política en el camino hacia un nuevo Humanismo. Fac. FFyL, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, 5 al 7 de junio de 2019.
  • De Charras, D. y L. Galup. 2018. De las industrias culturales al planeta Big Data. Interiores Definitivo. 10/7/18.
  • Fernández García, N. 2017. Fake news: una oportunidad para la alfabetización mediática. Nueva Sociedad Nº 269, mayo-junio de 2017.
  • Magnani, E. 2017. Big data y política. El poder de los algoritmos. Nueva Sociedad Nº 269, mayo-junio de 2017.
  • Observatorio de Comunicación y Derechos (DERCOM – UBA). s/f. Desinformación en contextos electorales (m.s).

FUENTES PERIODÍSTICAS CONSULTADAS:


M. Alejandra Korstanje
Profesora Asociada de la UNT, Investigadora Independiente en CONICET y coordinadora del Museo Rural Comunitario (Barranca Larga, Pcia. de Catamarca). Autora de numerosos artículos y capítulos de libros académicos sobre agricultura prehispánica, territorios campesinos y políticas patrimoniales en territorios indígenas y rurales. Ha dictado conferencias en el país y en el exterior y ha visitado una importante cantidad de museos arqueológicos, comunitarios, indígenas e históricos en la Argentina y el mundo. Participa en movimientos políticos y agrupaciones científicas y es activista por la igualdad de las mujeres y de los grupos subalternos, de allí su preocupación por la divulgación científica y el trabajo con las comunidades rurales e indígenas en diálogos de saberes y el modo en que las noticias de las redes y mass media llegan a las comunidades rurales.

Imagen de tapa: Ilustración de César Carrizo.

 



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